75 ANIVERSARIO PRIMERA BANDERA PARACAIDISTA - VETERANOS ZAPADORES PARACAIDISTAS EJÉRCITO DEL AIRE

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75 años de la Primera  Bandera Paracaidista


La conmemoración del 75.º aniversario de la creación de la Primera Bandera paracaidista junto al 74.º aniversario del  primer lanzamiento paracaidista militar en España es particularmente oportuno y adecuado para entender la realidad  de los paracaidistas del Ejército del Aire y de su dimensión como capacitador de la Fuerza Aérea en determinadas áreas.  La Primera Bandera precedió a todas las unidades paracaidistas de nuestras Fuerzas Armadas, posteriormente se crearon la  Escuela Militar de Paracaidismo y los paracaidistas del Ejército de Tierra; y dio origen al Primer Escuadrón de Paracaidistas que  con el tiempo ha resultado en el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC) y la Patrulla Acrobática Paracaidista del Ejército del Aire (PAPEA), Escuadrón de Apoyo Aéreo al Despliegue (EADA) y Segundo Escuadrón de Apoyo Aéreo al Despliegue  (SEADA), además de otras unidades del Ejército del Aire con carácter y aptitud paracaidista, como son la Escuadrilla Plus Ultra  de la Guardia Real y la Escuadrilla de Honores del Grupo de Seguridad del Cuartel General. Su historia es la de un nacimiento rodeado de la ilusión y entusiasmo de los pioneros, que hubieron de superar numerosas  dificultades iniciales, un crecimiento ciertamente diferente a lo esperado, al pasar a una entidad Escuadrón al tiempo que veían  nacer y crecer las unidades paracaidistas del Ejército de Tierra, y un final lejos de lo que se había planeado y esperado, con la  desaparición del primer escuadrón que se transformó en una Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas.

Y con el paso del tiempo, esta «decepción» se transforma en una historia de éxito, pues el resultado han sido los citados EZAPAC, EADA y SEADA, unidades facilitadoras de la aptitud expedicionaria de nuestro ejército, y que proporcionan la capacidad  de operaciones especiales y de despliegue aéreo imprescindibles para operar en los teatros actuales. Su aportación puede  parecer pequeña en relación a la misión del Ejército del Aire, pero nunca carente de importancia, como reza una de nuestras  consignas. Fueron muchos los que gracias a su ilusión y entusiasmo posibilitaron el éxito. Es preciso citar los nombres del general de  división don Mariano Gómez Muñoz en el nacimiento y evolución de la Primera Bandera a Primer Escuadrón hasta su disolución. Y es imprescindible reconocer la figura del teniente general José Antonio Beltrán Doña, legendario jefe de los zapadores  recientemente fallecido, que fue el artífice de la transformación de la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas en las unidades de  operaciones especiales y de apoyo al despliegue que hoy forman en el Ejército del Aire. El general Beltrán fue capaz de poner  en valor el papel de la unidad, de elaborar doctrina, siempre con una mirada innovadora desarrollando técnicas y procedimientos, y sobre todo con visión estratégica y capacidad de comunicar sus ideas a aquellos que debían tomar las decisiones.  ¿Tiene que seguir habiendo paracaidistas? Las técnicas especiales de infiltración paracaidista son plenamente vigentes en  nuestras unidades de operaciones especiales, pero más allá de ello, la denominación del título que se concede al completar el  curso y ganarse el derecho a portar el emblema paracaidista es «cazador paracaidista», y estas no son palabras elegidas al azar.  Los lanzamientos de la Bandera siempre se dirigían a algo, a alcanzar un objetivo o a completar una tarea en tierra, nos contaba  el general Gómez Muñoz. El espíritu paracaidista es esencialmente el del cazador, y sobre esto hay poco que explicar a los aviadores, el aviador es un cazador con un equipo, una tarea a realizar y un objetivo a lograr.

Es tal la identificación de los paracaidistas del Ejército del Aire con su ejército que podemos decir que espíritu del zapador es idéntico al espíritu aviador, lo hemos  visto en los numerosos despliegues en el exterior en los que hemos operado y vivido juntos pilotos, aviadores y paracaidistas.  El lema que hoy luce el Escuadrón de Zapadores, heredado de la Primera Bandera, «solo merece vivir…» ya no le pertenece en  exclusividad, es patrimonio de todos los aviadores del Ejército del Aire Los artículos que componen el dosier vienen a poner de manifiesto la importancia del respeto a nuestra historia y nuestros  antecesores, para lo cual es necesario conocer nuestros orígenes y comprender los motivos de las decisiones que se tomaron,  porque esto nos ayudará a entender las cuestiones que se nos planteen en el futuro y sobre todo, a la toma de decisiones.  A modo de clausura quiero compartir que hasta semanas antes de su fallecimiento en octubre pasado, el general Beltrán no  cesó de aportar al autor de estas líneas iniciativas y propuestas para el servicio relacionadas con las unidades paracaidistas, tal  era su espíritu aun llevando más de una década en la situación de retiro. Yo espero poder emular esa actitud, aunque sé que en  más de una ocasión me encontraré preguntándome… ¿qué pensaría Pepe de esto?

José Luis Figuero Aguilar General (reserva) del Ejército del Aire


Primera Bandera  de Paracaidistas
La vida sigue igual
(Juan José Arbolí Nevot Teniente coronel del Ejército del Aire)




Guión de la Primera Bandera de Paracaidistas


El Ministerio del Aire en su decreto de 9 de noviembre de 1939 sobre la organización de las tropas de la  aviación dicta que -uno de los elementos constitutivos del  EA… que constituirán un Arma independiente dentro del  mencionado Ejército, con organización, mandos y funciones propias... «cuyas funciones o cometidos que correspondían eran definidas como –la guarnición y custodia de  los campos, edificios y establecimientos militares del EA  y la ejecución de los servicios que por Reglamento se les  encomienden, formando parte de ella las Unidades de Parachutistas que se organicen en el citado Ejército para, en  unión del Arma Aérea, actuar, táctica o estratégicamente,  en la retaguardia enemiga o donde su acción se considere indispensable. El empleo en paz o en guerra de las  tropas, no tendrá otro límite que el que se derive de su  aptitud militar y su organización... Las Tropas de Aviación  se agruparán en un Mando Superior, cinco Legiones, tres  Banderas independientes y una Bandera especial de parachutistas…». Se observa que, ya en aquellos tiempos, existían unas  ideas que serían clave ya que, desde el mismo origen,  se pensó en que el EA contara con unidades de paracaidistas, con una cierta independencia, cuya actuación  debía ir, obviamente, de la mano del arma aérea. Por  otro lado, su forma de empleo ya tenía en mente una  finalidad estratégica y de actuación en zonas de riesgo.  Asimismo, se hacía referencia expresa a los límites, aptitudes y organinización, aspectos todos ellos que, hoy en día, aparecen en la definición de las Operaciones Especiales. Entrando más en detalle, se puede comprobar el  paralelismo con el concepto actual de Integración Aire-Superficie para las Operaciones Especiales (SOALI,  Special Operations Air Land Integration), en el que se  trata de sincronizar el poder aéreo con las operaciones  especiales y la maniobra de superficie, obteniendo el  máximo partido de los medios aéreos, tanto para la inserción como para la acción sobre el objetivo.


Primer salto operativo de la Bandera en Alcalá


No obstante, esta idea quedó olvidada en el papel  y no fue hasta unos años más tarde, enero de 1947,  cuando se ordena denominar a la Primera Bandera de  la 1.ª Legión como 1.ª Bandera de Paracaidistas y se  constituye como unidad independiente. Se reservó su  empleo al alto Mando del Ejército del Aire y se consideró unidad preferente en lo referente a personal,  armamento y equipo.  Sin embargo, se tardó aún un año para que los denominados paracaidistas ejecutaran el primer salto sobre Alcantarilla. En concreto, tuvo lugar el 23 de enero  de 1948, fecha que anualmente es rememorada por  los paracaidistas del Ejército del Aire. Es precisamente  este motivo por el que se tiene un vasto conocimiento  sobre lo acaecido en ese primer lanzamiento. Lo cual  no ocurre con el personal que más tarde engrosarían  las filas de esa 1.ª Bandera.


Los cursos de paracaidismo tenían una duración de  cuatro meses e incluían, además de la parte teórica y  práctica relacionada con la materia, una intensiva preparación física. Actualmente puede parecer exagerado que el entrenamiento en tierra durara dos meses,  pero, por aquel entonces, se consideraba totalmente  necesario para conseguir la búsqueda de la «caída  perfecta», en la que el cuerpo sufre el menor daño,  desde distintas alturas y posiciones. Se utilizaba como  elemento de entrenamiento la desaparecida torre de  lanzamientos de la base aérea de Alcantarilla y como  curiosidad, se incluía también la práctica de deportes  como el baloncesto o el balonmano. Finalmente, los  primeros saltos se realizaban entre 200 y 300 metros.  El número de saltos necesarios para obtener la aptitud paracaidista era de seis, el cual se sigue hoy manteniendo para la capacitación de los soldados que  realizan el curso básico. Eran los tiempos del Ju-52 Junker y del, por aquel  entonces capitán Salas Larrazabal, quien trajo a España la experiencia y el conocimiento del curso realizado en Argentina, por necesidades del destino como  jefe de la Primera Bandera cuya vacante era en readidad de comandante, recién creada la unidad por  decreto en marzo de 1946, dentro de la Primera Legión de Tropas. Fue justamente él quien, junto a otros oficiales a quienes arrastró su entusiasmo, reforzado  por las noticias de las hazañas que los paracaidistas  de ambos bandos realizaban en la Segunda Guerra  Mundial (Eben-Emael, Creta, Sicilia, Normandía, Las  Ardenas…), comenzaron el paracaidismo en España.  De esta forma, en agosto de 1947, se creaba la Escuela Militar de Paracaidistas y, precisamente también en  él, recayó el nombramiento como jefe y director.


Paracaidistas de la Primera Bandera preparados para saltar desde un Ju-52 Junker

Poco a poco, la entidad de aquella 1.ª Bandera fue  creciendo hasta alcanzar una plantilla de 444 efectivos. Enseguida el comandante Mariano Gómez Muñoz,  alumno del segundo curso de paracaidismo, tomó las  riendas de la Unidad. Su visión de futuro y denodado  esfuerzo, plasmado en numerosos informes, estudios,  monografías y estadísticas sobre los más diversos temas, fueron moldeando y dando forma a la unidad que  quedó acuartelada en uno de los edificios en construcción de la que iba a ser la Academia General del  Aire en el aeródromo de Alcalá de Henares. Estas instalaciones eran poco menos que inhabitables, incluso  para los duros y voluntariosos paracaidistas, que finalmente forzaron su traslado a la Escuela de Ingenieros  de Cuatro Vientos. En septiembre de 1947 se recibe la  orden de que todo el personal, debía efectuar el curso de paracaidista en la recién creada escuela, curso  en el que se diplomarían simultáneamente los futuros  profesores. El material con que contaban eran diez  paracaídas ya viejos en no demasiado buen estado,  un avión Junker Ju-52 y otro Savoia 81, cargados de horas de vuelo. No obstante, con  estos mimbres se dio el pistoletazo  de salida al paracaidismo militar en  España, fruto de la ilusión de aquellos que dejaron sus armas en el  Ejército de Tierra para convertirse  en paracaidistas. El curso finalizó  con la entrega de 165, de un total  de 174 que comenzaron, diplomas  por parte del general Longoria que,  como jefe del Estado Mayor, acudía  en representación del ministro, el  general Gallarza.  Como anécdota, he de comentar  que, en el segundo curso, en el que  tomaba parte D. Mariano (como se  le conoce en el mundo del paracaidismo, quien llegará a ser general  de división) Gómez Muñoz, se lanzó  a un chivo que, por no estar debidamente asegurado, se estampó  contra el suelo. Desde luego, visto desde nuestra perspectiva, no  parece que resultara un método  demasiado efectivo para lo que nos referimos como  «quitarle hierro al asunto». Pero así fue como sucedió.


Guión de la Primera Bandera

Hay fechas en el recuerdo de este carismático jefe  de la 1.ª Bandera, como el 2 de febrero de 1949, cuando se realizaron los primeros saltos de la unidad en  Alcalá de Henares, o la visita del ministro del Aire, general Gallarza, el 9 de marzo de ese año, o el 1 de  abril cuando desfila por primera vez por el Paseo de  la Castellana en Madrid lo que se entendió como su  «presentación en sociedad». Que el comandante Muñoz siguiera al mando del 1.º Escuadrón, como se denominó a la unidad a partir de 1953, hizo que pudiera  ir dando forma a su proyecto, al que siempre se refirió  como «La Bandera». Procedente del Arma de Artillería, el comandante Gómez Muñoz, al igual que el capitán Salas o el teniente Villamil, fue un veterano de la  campaña del norte durante la Guerra Civil y el máximo  responsable de la adecuada preparación de la unidad  para afrontar el tipo de cometidos asignados una vez  se toma tierra como paracaidistas, quienes entonces  se convertían en «cazadores». Aplicó doctrinas extranjeras y las adaptó a las necesidades y capacidades propias. Este adiestramiento continuo comprendía saltos,  ejercicios de tiro y movimiento, gimnasia, marchas de  endurecimiento y clases teóricas de distintas materias,  con el objetivo de que todo el personal fuese perfeccionando estas aptitudes para que la unidad estuviese  permanentemente disponible para su empleo por el  Mando, necesidades todas ellas comunes a las de las  unidades de Operaciones Especiales actuales, cuyos  componentes deben contar en todo momento con  un extraordinario grado de preparación e instrucción  para mantener su eficacia en combate.

Salto de un miembro Paracaidista de la Primera Bandera

Y es que esos comienzos para aquella aventura tan  extraordinaria requirieron de cuantiosos informes  para todo. Un ejército en el que la materialización  práctica de su misión es producir salidas de aviones,  exige que las necesidades de este tipo de (pequeñas)  unidades, como sucede hoy en día, tengan que ser  debidamente justificadas de abajo a arriba: Raciones  de campaña, uniformidad, cascos, correajes, paracaídas, lesiones, armamento, altímetros… parece como si  no hubiera cambiado tampoco tanto la vida en estos  75 años. Todo era nuevo para ellos, y conseguir cada  cosa constituía un reto.  También merecen reseñarse los ejercicios y maniobras a que eran sometidos los componentes de la 1.ª  Bandera, en los que observando su evolución se ve  claramente cómo se fue pasando de los propios de  unidades de infantería ligera (paracaidistas) a aquellos que posteriormente se denominarían Operaciones Especiales, aunque para ser fieles a la verdad, eso  ya fue en los tiempos más gloriosos, los que se corresponden con el cambio de denominación por la de  «Primer Escuadrón de Paracaidistas», que se tratará en  el siguiente artículo.


BIBLIOGRAFÍA


Lanzamientos de Paracaidistas de la Primera bandera desde un Ju-52 Junker


Libros
– Bourdón García, Carlos. La Primera Bandera y el Primer Escuadrón Paracaidista de Ejército del Aire 1947-1963, 2013.
– García García, Ángel. Operaciones aéreas especiales. Ministerio de Defensa, 2014.

Artículos
– Gómez Muñoz, Mariano. «Memoria de la Primera Bandera  Paracaidista». Aeroplano: revista militar de historia aeronáutica, n.º 16 (1998): 103-128.
– Aguilar Hornos, Jaime. «Ramón Salas Larrazábal». Aeroplano: revista de historia aeronáutica, n.º 11 (1993): 146-148. Jurisprudencia
– Decreto de 9 de noviembre de 1939, por el que se organizan las Tropas de Aviación (BOE núm. 315 de 11 de noviembre de 1939).
– PDC 3.5 de 1 de octubre de 2009, por la que se describe  el marco, cometidos, estructuras de mando y control específicas, principios, características y consideraciones de aplicación al planeamiento y a la conducción de las Operaciones  Especiales Conjuntas (Ministerio de Defensa, Estado Mayor  de la Defensa, a 1 de octubre de 2009).
– BOA de 5 de marzo de 1946, por el que se publica el estado  numérico de las vacantes de alféreces, suboficiales y clases  de tropa existentes en los distintos centros, unidades y dependencias del Ejército del Aire que deben ser cubiertas en  turno de provisión normal, encontrándose entre ellas las de  nueva creación del Arma de Tropas de Aviación para la 1.ª  Legión
– 1.ª Bandera. (BOA núm 28 de enero de 1946). – BOA de 23 de marzo de 1946, por el que se publica la convocatoria del concurso para cubrir plazas de oficial y suboficial en la recién creada Primera Bandera de la Primera Legión  (BOA núm. 36 de febrero de 1946).
– BOA de 25 de mayo de 1946, por el que el capitán Salas es  designado jefe de la Primera Bandera de la Primera Legión  (BOA núm. 62 de marzo de 1946).
– BOA de 8 de junio 1946, por el que se resuelve parcialmente el concurso anunciado en el mes de marzo de dicho año  para cubrir vacantes de capitán en la Primera Bandera (BOA  núm. 68 de marzo de 1946).
– BOA de 3 de septiembre de 1946, por el que son destinados a la Primera Bandera otros siete oficiales (BOA núm. 105  de 1946).
– BOA de 29 de septiembre de 1946, por el que se anuncia  el concurso para cubrir tres vacantes de teniente del Arma  de Tropas de Aviación y una de teniente o capitán médico  del Cuerpo de Sanidad del Aire (BOA núm. 113 de abril de  1946).
– BOA de 15 de octubre de 1946 se publicó concurso para  cubrir las dos primeras vacantes de tropa, concretamente  de cabo del Cuerpo de Especialistas, así como dos vacantes más de enfermero auxiliar de sanidad y escribiente. (BOA  núm. 128 de mayo de 1946).

NOTAS

1- Las operaciones especiales son: «operaciones militares desarrolladas por fuerzas especialmente diseñadas, organizadas, adiestradas y equipadas para alcanzar objetivos de gran  valor, en áreas sensibles u hostiles, mediante el empleo de  medios y tácticas no convencionales e innovadoras en cualquier nivel del conflicto» PDC 3.5 Doctrina Conjunta para las  Operaciones Especiales, octubre 2009 .

2- El proyecto del general Yagüe no fue respaldado por su sucesor como ministro del Aire el general Vigón y no fue hasta  los tiempos del general Eduardo González-Gallarza Iragorri  cuando, de verdad, se materializa la creación de esta primera  unidad de paracaidistas en nuestras Fuerzas Armadas.

3- Por orden comunicada del 13 de enero de 1947.

4- El primer curso duró del 2 de septiembre de 1947 al 10 de  abril de 1948.

5- Acudió al curso con el teniente Villamil y el brigada Corral  en febrero de 1947.

6- Como sus otros coetáneos, era oficial provisional de artillería cuando en 1940 fue llamado para incorporarse a la  Academia de Aviación en León en una de las 300 plazas de  oficiales del arma de Tropas de Aviación. Aparte de los tres  años de León, tuvo que pasar otros dos en la Academia especial de Tropas de Aviación en Los Alcázares (Murcia) sometido a régimen de cadete pese a haber sido oficial con mando  de tropas en nuestra guerra civil.

7- La Primera Bandera de la Primera Legión estaba acuartelada  en Cuatro Vientos y al mando del comandante Zayas.

8- Memoria de la Primera Bandera de Paracaidistas del Aire.  Mariano Gómez Muñoz, general de división. Revista Aeroplano

9- Ángel García García. Operaciones aéreas especiales (Ministerio de Defensa, 2014), 122. 10El primero de ellos fue el 9 de marzo de 1949 en Alcalá de  Henares (Bourdon, Primera… 15). 11PDC 3.5 de 1 de octubre de 2009, por la que se describe  el marco, cometidos, estructuras de mando y control específicas, principios, características y consideraciones de aplicación al planeamiento y a la conducción de las Operaciones  Especiales Conjuntas (Ministerio de Defensa, Estado Mayor  de la Defensa, a 1 de octubre de 2009).


Y después fue  un escuadrón...
José Luis Figuero Aguilar General (reserva) del Ejército del Aire

Como se ha expuesto en el anterior artículo, los inicios del paracaidismo del Ejército del Aire fueron difíciles. Ejemplo de ello es cómo el capitán Salas hubo de  conseguir unos cuantos paracaídas que son utilizado en  los primeros saltos, que se habrían de plegar inmediatamente para volverlos a usar. Mucha historia escrita de  aquellos paracaidistas y su primer salto el 23 de enero  de 1948. En este artículo nos centraremos en la evolución que siguió la 1.ª Bandera Paracaidista.  La llegada del comandante Manuel Gómez Muñoz a  Alcalá de Henares supuso un revulsivo para la unidad. A  costa de mucho esfuerzo y sacrificio se avanzaba cada  día superando una dificultad, a lo que se sumaba la alegría de los días de salto sin ninguna novedad y completar maniobras o exhibiciones con éxito. Los capitanes  José Pérez Ramos, del primer curso y Celso Pérez Díaz,  del segundo curso, acompañan al comandante en su  proyecto. Tras estos primeros años de existencia, la Bandera comienza a realizar un plan de instrucción, de estudios y  de mejora de las técnicas de salto. Se sientan los pilares  básicos de los que hará su credo la mejor unidad de paracaidistas de las fuerzas armadas españolas en los años  sesenta del siglo XX.

Durante este periodo de tiempo  se procede a crear, escribir, editar y finalmente publicar  unos manuales, unas directrices, unas ideas que fueron  el catecismo del paracaidismo en Alcalá de Henares.  La casa Sampere, representante de los paracaídas de  origen norteamericano, se encontraba en la ciudad de  Barcelona, y allí fueron los chicos de Alcalá a por ellos  y volvieron con un buen número de paracaídas T-5 a  su base de Alcalá. Pero eso no fue todo, los paracaídas  estaban bien, pero no había forma de engancharlos al  cable del avión, así que hubo que buscar mosquetones  para ello. Se presentaron en la maestranza de Cuatro  Vientos a buscarlos, y consiguieron algunos, pero en la  chatarra de la propia base, medio doblados y oxidados,  pero con un poco de esfuerzo quedaron bien para coserlos a la cinta extractora y saltar. Los aviones no tenían  el cable para enganchar los paracaídas, no pasa nada,  se tiende un cable, anclado de lado a lado y se soluciona el tema El personal llegaba de la Escuela Militar de Paracaidismo de Alcantarilla, después de realizar seis saltos, llenos de ilusión, todos voluntarios, aunque les esperaba  una dura selección para determinar si eran aptos para la unidad. Se pasaban una batería de test para conocer  su personalidad, sus ilusiones, sus miedos, en general  todo aquello que pudiera indicar si contaban con la potencial aptitud y disponibilidad para desempeñar unos  cometidos en una situación de riesgo y estrés elevado.  Como no podía ser de otra manera hubo personal al  que se rechazó y se le devolvió a Alcantarilla.  Posteriormente, los elegidos eran destinados a la  compañía de instrucción, donde comenzaban un duro  y técnico plan de entrenamiento, tanto paracaidista  como relacionado con la misión a desarrollar después  del salto, es decir, la parte de cazador.


Miembros históricos del Primer Escuadrón de Paracaidistas


Se hizo hincapié no solo en la instrucción del cazador  paracaidista, sino también en su vestimenta, su cuidado, su apariencia y desde el primer momento que llegaban a la base de Alcalá de Henares se les inculcaba  el espíritu de cuerpo, de compañerismo, de unidad.  La 1.ª Bandera de paracaidistas no solo fue una unidad operativa, sino que también fue precursora de las  actuales funciones de experimentación o banco de  pruebas de nuevos sistemas de armas y material de suministro a las unidades. En este sentido, en la unidad  se realizaron ensayos sobre nuevos modelos de paracaídas, cestos de mimbre o de empaquetamiento para  realizar lanzamientos de carga, con medicamentos,  municiones, alimentos, etc. necesarios para abastecer  a una unidad en combate o aislada. Asimismo participó  en las pruebas de los diversos modelos de armamento  que a lo largo de la vida operativa tuvo la Bandera y sus  modificaciones para adaptarlo al salto, tipo de correaje, arnés, atalaje, etc. En la Bandera incluso se diseñó,  fabricó y modificó el propio equipo de combate del  cazador paracaidista a través de la experiencia de los  saltos para llegar al fin a un modelo estándar. La Bandera de Alcalá de Henares fue minuciosa en  llevar no solo su día a día sino también en sus informes  al Ministerio del Aire, así como en sus planeamientos a  la hora de realizar maniobras, ejercicios, etc. en los que  participó, sola o con otras unidades.  Por Alcalá de Henares pasó el primer uniforme mimetizado en la historia del Ejército del Aire, se probaron los diferentes modelos de fusil de asalto CETME,  la primera ración de campaña, el primer paquete de  cura individual, la primera cantimplora que incorpora  su botella, cazo y cubiertos, la primera bolsa sanitaria  paracaidista, la camilla sanitaria lanzable, etc. Es decir,  muchos elementos de dotación se probaron, modificaron, estudiaron y documentaron en la 1.ª Bandera paracaidista del Ejército del Aire.  Y se llega al mes de abril de 1953 cuando por Orden del ministro del Aire, general González Gallarza,  se aprueba el cambio de denominación de la unidad, y  la que fuera conocida como 1.ª Bandera de Cazadores  Paracaidistas del Ejército del Aire, después de 17 años  de vida, pasaría a ser el 1er Escuadrón de Cazadores  Paracaidistas del Ejército del Aire.




Entrados en los años sesenta del siglo pasado, el escuadrón paracaidista vive una época de apogeo que supone  un mayor perfeccionamiento y profesionalidad. Los oficiales y suboficiales de la unidad que son destinados a otras  unidades del Ejército del Aire son considerados muy capacitados profesionalmente y bien recibidos por sus jefes,  por donde quiera que fueran, voluntarios o forzosos, dado  que su preparación técnica y humana eran incuestionables. Otro dato destacado que denota la importancia que se  da a la preparación de los componentes del Escuadrón es  la elección de personal del Escuadrón Paracaidista para  formar las patrullas de rescate de superficie del recién  creado Servicio de Búsqueda y Salvamento. Fueron pioneras en actuar para hacer frente a catástrofes aéreas en superficies montañosas, no solo por su condición de cazador  paracaidista sino también por su exigente entrenamiento,  y los numerosos cursos realizados necesarios para desempeñar su labor en el Escuadrón como transmisiones, escalada, rappel, esquí, primeros auxilios, educación física, etc.  De cualquier forma, la unidad estaba en la cuerda floja desde la creación de los paracaidistas del Ejército de  Tierra en enero de 1954, ya que se levantaban voces que  cuestionaban su necesidad en el Ejército del Aire. Se hacía  evidente que la continuidad de la unidad pasaba por señalar a los paracaidistas del Ejército del Aire unas misiones  específicas, bien definidas y diferenciadas.

A esta cuestión vino a unirse la destacada actuación en la campaña  Ifni-Sahara del 57-58, bautismo de fuego de la unidad en  que se llevan a cabo los primeros lanzamientos en zona  de operaciones, así como la información que se recibía de  otras fuerzas aéreas que reservaban para sus paracaidistas  misiones especiales, como los Comandos de l’Armée de  l’Air franceses o Special Air Services de la Royal Air Force. A pesar de todo, el 9 de septiembre de 1965 se produce la disolución del Escuadrón, quedando únicamente  una escuadrilla, llamada de Zapadores, al mando de un  capitán, con un total de 108 paracaidistas que pasan destinados a la base aérea de Alcantarilla con el equipo, armamento, material, paracaídas y documentación. Con ello se da por finalizada la historia de superación,  esfuerzo, y lucha constante por crear de la nada a una unidad paracaidista que pasaría a la historia del Ejército del  Aire conocida como «la bandera», que con el tiempo ha  sido capaz de encontrar sus cometidos y aportar unas capacidades esenciales para el cumplimiento de la misión  del Ejército del Aire. El EZAPAC, hoy nuevamente Escuadrón, surge como un brote nuevo del disuelto Escuadrón  y ha sido la unidad dignísima heredera de aquellos viejos  paracaidistas de los que tomaron el testigo del valor, disponibilidad y lema «Solo merece vivir quien por un noble  ideal está dispuesto a morir». n BIBLIOGRAFÍA – Bourdón García, Carlos. La Primera Bandera y el Primer Escuadrón Paracaidista de Ejército del Aire 1947-1963. 2013. – García García, Ángel. Operaciones aéreas especiales. Ministerio de Defensa, 2014.

– Gómez Muñoz, Mariano. «Memoria de la Primera Bandera  Paracaidista». Revista Aeroplano n.º 16. 1998, 103-128.
– Aguilar Hornos, Jaime. «Ramón Salas Larrazábal». Revista  Aeroplano n.º 11. 1993, 146-148.




La Escuadrilla  de Zapadores ¿Quiénes somos?
(Antonio Pareja Sanz Comandante del Ejército del Aire)


Valiente legión mi Escuadrilla, orgullo de la Nación. Zapadores caen del cielo, en la blanca formación

¿DE ESCUADRÓN A ESCUADRILLA? Condensar en un único artículo los 37 intensos años de  vicisitudes de los zapadores del Ejército del Aire es tarea  harto difícil en una unidad como la EZAPAC. Siempre va a  haber algún hecho importante y, lo que es peor, alguien,  que se quede fuera de tan escueto espacio. Por ese motivo, intentaré aproximar al lector a la esencia de la unidad  y no simplemente enumerar una serie de hechos de manera cronológica. La Escuadrilla de Zapadores fue (y sigue  siendo sin duda alguna) un lugar donde el carácter de sus  componentes dotaba de una singularidad específica a la  unidad dentro de nuestras Fuerzas Aéreas, lo cual sigue  estando hoy muy presente en el Escuadrón de Zapadores.  La Escuadrilla recogió las tradiciones de la Primera Bandera y el Primer Escuadrón y fue capaz de crear, a su vez,  las suyas propias. A aquellos valientes de los años, 70, 80  y 90, principalmente, es a quienes este artículo pretender  homenajear, por lo que se ha elegido un representante de  cada época para definirla, los tres tenientes del Ejército  del Aire, andaluces y murcianos de adopción, los cuales  empezaron desde abajo, como soldados voluntarios.



Orden de la disolución del Primer Escuadrón Paracaidistas y creación  de la EZAPAC, septiembre 1965


Representantes que, además, he tenido el honor de conocer  y de los que he aprendido tantísimo, no solo para la vida  militar. Además de ellos, hay una persona fundamental y  que, casi unánimemente, es reconocido como el que consiguió que la EZAPAC despegara de manera definitiva:  el teniente general Beltrán Doña, fallecido en octubre de  este 2021, jefe de la Escuadrilla de Zapadores entre 1975  y 1987 y al que va dedicado asimismo este artículo. No obstante, y antes de ello, sí es bueno contextualizar  brevemente lo que supuso el año 1965, el cual trajo noticias no muy alentadoras para los paracaidistas del Aire. Y  es debido a que, con el desarrollo de las unidades paracaidistas del Ejército de Tierra, no se vio en la necesidad,  ya desde finales de los años 50, de tener algo similar en  Aviación, por lo que se pensó en encomendar a los paracaidistas otras misiones más de tipo comando en beneficio de las operaciones aéreas y rebajar la entidad de  Escuadrón a Escuadrilla. O al menos esa fue la explicación  oficial, porque según el entonces teniente coronel Gómez Muñoz, fue una absoluta sorpresa dicha disolución,  así como el traslado a la base de Alcantarilla. Al parecer,  estaba todo ya perfilado en un proyecto al más alto nivel  para redimensionar la unidad, pero no en el sentido en  el que se hizo, tal y como indica el propio jefe del Primer  Escuadrón;



Zapadores paracaidistas en Alcantarilla, 1968. Sí, ese día saltaron con una guitarra


[…] Unidades especiales que, por otra parte, amenazan con ser las únicas fuerzas paracaidistas posibles  en un mundo donde la proliferación de las armas ligeras tipo cohete hace inviable las masas de aviones  “colgados” a baja velocidad y a poca altura lanzando  regimiento tras regimiento. […] Ello hizo que se solicitase reiteradamente la constitución de una comisión para  estudio de una nueva plantilla y de unas nuevas misiones. Finalmente, en noviembre de 1964, se constituyó  una ponencia en el Estado Mayor del Aire, de la que formaba parte el jefe del Escuadrón, para realizar un estudio sobre su reorganización. El 1 de febrero de 1965 se  presentó a la superioridad el proyecto de un Escuadrón  de Comandos del Aire, con unos efectivos algo más reducidos (373 paracaidistas y 76 no paracaidistas) que  los del escuadrón existente (443 paracaidistas) pero con  un mayor número de especialistas. La idea directiva era  agrupar en el nuevo escuadrón una serie de pequeñas  unidades tipo sección capaces, en caso de movilización,  de desdoblarse hasta escuadrillas, cada una con unas  misiones muy definidas y típicamente aéreas que exigen  una perfecta coordinación e incluso integración con las  tripulaciones aéreas. […] Hubo dudas respecto al mando del escuadrón; finalmente, se decidió que continuase siendo de teniente coronel. Sin embargo, nada de lo  planeado se iba a realizar: sorprendentemente el 9 de  septiembre de 1965 se disuelve el escuadrón y queda  únicamente superviviente una escuadrilla llamada de  Zapadores, con un total de 108 paracaidistas y mandada  por un capitán, que pasa destinada a Alcantarilla.»


El caso es que, según este decreto de creación de la  EZAPAC, la nueva unidad tendría una serie de misiones  asignadas que diferían en parte de las que venía llevando  a cabo, enfocándose más a la colaboración directa con el  Arma Aérea y sin perder en ningún momento su carácter  paracaidista, tal y como indicó el teniente coronel Gómez  Muñoz en su proyecto: – Identificar y destruir, en acciones insidiosas, objetivos  de interés aeronáutico, localizados previamente por fotografías aéreas o identificados por cualquier otro medio  de información.  – Habilitar elementalmente y señalizar zonas aptas para  el aterrizaje de aviones. – Señalizar objetivos a la aviación propia. – Recoger y transmitir por los medios a su alcance desde el interior del territorio enemigo información de interés para el Arma Aérea. – Realizar pruebas, exhibiciones y tomar parte en competiciones o concursos nacionales e internacionales.


INICIOS DE LA ESCUADRILLA DE ZAPADORES

Como curiosidad, siempre ha existido el mito entre los  zapadores de que dicho nombre, poco aeronáutico, la  verdad, fue una errata de algún escribiente en el Cuartel General u oficina análoga, que confundió Zapadores  Paracaidistas con Cazadores Paracaidistas. No obstante,  el teniente Ángel García demuestra en su monumental  obra Operaciones Aéreas Especiales que eso no es cierto  y que la asignación de ese nombre es totalmente intencionada, ya que el zapador es aquel soldado que abre brecha, en este caso el primero en alcanzar una zona y  preparar la llegada de la aviación propia. Igualmente, el  teniente coronel Gómez Muñoz incluyó dos secciones de  zapadores en el proyecto que antes se comentó y que  fue descartado. Por lo tanto, era una denominación perfectamente común entonces y que tiene todo el sentido,  además de que, sinceramente, suena realmente bien. Los primeros años de la nueva escuadrilla permanecen  envueltos en cierto halo de misterio y hermeticidad, desgraciadamente se dejó de escribir el diario de operaciones  que sí llevaba al día el Primer Escuadrón. Nadie escribió  en aquellos días, más allá de documentación oficial como  informes, sobre las vicisitudes de los zapadores, quedando  solo la historia oral de aquellos que nos precedieron, que  no es poca, por otra parte.


La EZAPAC asentada en el aeródromo de El Copero en 1974

Por eso mismo, la historia de la  EZAPAC es la de su gente, más o menos conocidos, y por  eso esta unidad es tan especial y distinta, a la par que profundamente respetada tanto en nuestro Ejército del Aire  como en el resto de las FAS nacionales e internacionales.  Sabemos que los inicios fueron duros, se pasó de ser  una unidad completamente independiente y con solera  a ser una escuadrilla más del aeródromo de Alcantarilla,  pues se dependía orgánicamente y operativamente de su  coronel jefe, incluyendo la realización de servicios y participación en los cursos de paracaidismo como instructores y profesores, sin las ventajas monetarias de estar en  vacante docente. Todo el material, parte del personal y  la dotación económica heredados de la etapa de Alcalá  de Henares llegaron en los DC-3 de Salamanca y pasaron  a ser administrados por los responsables de las nuevas  dependencias murcianas. Varios capitanes pasaron por el  mando entre 1965 y 1974, como Carrasco, Ayuso o Cabezas, con el cual la unidad dejó brevemente Murcia para  instalarse en la base de El Copero (Sevilla), entre marzo  de 1973 y abril de 1974).  Como indican algunos de los veteranos, estos primeros  años fueron de lento progreso, plasmándose los primeros planes de instrucción, realizándose multitud de ejercicios en el campo, lanzamientos (incluyendo su vertiente  deportiva gracias a la Sección de Pruebas y Exhibiciones  existente) y, en ocasiones, participación en ejercicios conjuntos, como el Azor. No obstante, la precariedad en instalaciones y material era patente, con equipo deficiente  o transmisiones poco fiables, algo poco recomendable  para unidades destinadas a trabajar aisladas. Es así como  entramos en los años 70 del pasado siglo.



LOS AÑOS 70. DESPEGANDO Y FORJANDO EL  CARÁCTER. LA SAGA DE LOS BORREGO CORRALES

Como se indicó al principio, para ilustrar la etapa de  los años 70 se ha elegido al hoy teniente (retirado) Adolfo Borrego Corrales para ilustrar esta etapa. Hombre de  gran personalidad, vitalidad y energía, nunca se conformó con hacer lo preciso de su deber. Siempre buscó nuevos retos y, hasta el último día de su vida militar, estuvo en  unidades operativas, en su caso pasó a la reserva como  componente del Segundo Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (SEADA) en la base de Morón de la Frontera, previo paso en el Ala 31 durante más de 20 años y  miles de horas de vuelo en los T-10. Curiosamente, formó  parte allá, por 1984, del núcleo inicial de la Escuadrilla  de Apoyo al Transporte Aéreo Militar (EATAM), la cual en  1994 se convirtió en la EADA. Adolfo es el mayor de una saga de hasta cinco hermanos que pasaron por la  EZAPAC, por lo que esta familia es un caso ciertamente  singular en nuestra Aviación:  él mismo, Francisco, Manuel,  Jorge (D.E.P.) y Juan Carlos  sirvieron allí. Además, otros  dos hermanos formaron parte del Ejército de Tierra, uno  de ellos también paracaidista.  Pocos habrá en este particular  mundo nuestro que no haya  oído hablar de esta familia y  su legado. ¿Quién no recuerda  los desfiles de la EZAPAC con  el guion portado por Manolín  Borrego al lado del capitán/ comandante Beltrán? Adolfo vivió de primera  mano la transformación de la  EZAPAC en una unidad cada vez
más especializada y profesional, en especial a partir de la  llegada del capitán Beltrán a la jefatura de la Escuadrilla  en 1975. Previamente, ocurrió uno de los hechos más extraños en la historia de la unidad, como fue el traslado de  la misma al aeródromo de El Copero (Sevilla) en marzo de  1973. Como unidad que formaba parte de la Jefatura de  la Aviación Táctica, ubicada en Tablada, oficialmente se  decidió tenerla más cerca para poder emplearla cuando  fuera necesario, aunque también es posible que la dependencia excesiva hacia la escuela propiciara el cambio  de aires.

Salto manual del cabo 1.º Adolfo Borrego, desde el mismo DC-3 en 1975



Cabo 1.º Adolfo Borrego de maniobras en Sierra Espuña, 1972, con la  divisa de empleo en el brazo


Patrulla del cabo 1.º Borrego, de pie, primero por la derecha, en 1972


De aquella época Adolfo recuerda el larguísimo  viaje en tren a Sevilla, los duros inicios y las pocas oportunidades para saltar, ya que únicamente se contaba con  aviones C-127 y DC-3 para lanzamientos. Sin embargo,  se consiguió acentuar de nuevo el carácter de unidad independiente, a la vez que se mantuvo la posibilidad de  efectuar adiestramiento variado como la Operación Jabalí en Aznalcóllar (Huelva) o el mega ejercicio conjunto  Hornachos 73, donde la unidad participó en el rol para  el que había sido creada, como enlace entre los medios  aéreos y terrestres.  En el caso de Aznalcóllar, Adolfo guarda muy buenos  recuerdos de las experiencias allí vividas y cuenta anécdotas como la de ese tal Arrechaga que, efectuando su  servicio militar como uno más, con el paso de los años  supo que formaba parte de ETA. Era normal en esa época  que los terroristas aprovecharan, ya que era obligatorio,  para ingresar en las Fuerzas Armadas y así obtener entrenamiento militar y, de paso, información para futuros  atentados. Con la llegada de 1974 y un nuevo capitán, Cañete  Petremet, el mando decidió que no había lugar a continuar en El Copero, optándose por el regreso a Alcantarilla como unidad plenamente independiente dentro  de la base, pasando página a los primeros años de la  escuadrilla. El 3 de septiembre de 1975, recuerda Adolfo, les llegó la noticia del nombramiento de un nuevo  capitán jefe, el legendario entre los zapadores José Antonio Beltrán. Ese año se inició un cambio profundo en la escuadrilla gracias a la energía, tesón y visión de futuro  de este oficial, el cual ya había pertenecido a la unidad  como teniente allá por 1967. El capitán Beltrán se propuso dar una vuelta de tuerca a los planes de instrucción  de la unidad, reforzando el aspecto aéreo de la misma y  haciéndola más independiente, hecho que se manifestó  en la participación en el ejercicio del Ejército del Aire Primavera 77 en el polígono de tiro de las Bardenas Reales.  Con la presencia de S.M. el rey Juan Carlos I, los zapadores demostraron su capacidad para el lanzamiento de  personal y cargas y la interacción con las aeronaves propias (caza o transporte). Nada más empezar el mando del capitán Beltrán, la  EZAPAC fue desplegada por vez primera desde 1958: la  Operación Golondrina o de evacuación del Sáhara español. Adolfo guarda ese día de noviembre de 1975 muy vivo  en su memoria, la emoción de la preparación, de cómo  toda la unidad estuvo alistada en tiempo récord y del viaje  hasta la base aérea de Gando en los modernísimos C-130  Hércules del entonces 301 Escuadrón (Ala 31 desde 1978).



Adolfo y Paco Borrego embarcan en DC-3 del 721 Escuadrón, 1975


Previo paso por la Academia de Suboficiales de Reus, Getafe y Guardia Real, Adolfo regresaría a la EZAPAC como sargento hasta 1984, cuando como ya se dijo formó en Zaragoza el germen de lo que hoy es el EADA. Aunque ya había habido cursos de lanzamiento de alta cota con los Estados Unidos en 1972, es a partir de la segunda mitad de esta década cuando la EZAPAC se convierte en unidad de referencia en este campo, además de comenzar a relacionarse con otras unidades de operaciones especiales y hacer cursos como el de guerrillero en Jaca, instructor de tiro con la guardia civil o CCT (controlador aéreo de combate) y FAC (controlador aéreo avanzado) con los Estados Unidos. Cabe destacar que, en septiembre de 1979, la EZAPAC realiza el primer curso enteramente español con lanzamientos paracaidistas a alta cota con empleo de oxígeno y aviones del Ala 31, ya que hasta entonces se efectuaban con apoyo de la fuerza aérea norteamericana. En ese primer curso, como instructor, participó el cabo 1.º José Ignacio Jaén Moyano, entre otros zapadores pioneros.


Capitán Beltrán al frente de la EZAPAC, desfilando en Madrid en 1979



Salida de la EZAPAC para la Operación Golondrina el 7 de noviembre  de 1975, con la participación del cabo 1.º Adolfo Borrego



LOS AÑOS 80. CÓMO SER UN ZAPADOR  PARACAIDISTA

«El paracaidista ejemplar es el hombre sencillo, sobrio,  alegre y buen camarada, fuerte de cuerpo, espíritu y deseoso de destacar por ser el mejor en el servicio de la patria».  Esta es una de las consignas paracaidistas, que tan presentes tenemos incluso ya fuera de la unidad. Si no supiera que  tiene más de 70 años, habría pensado que estaba basada en el carácter y la personalidad de nuestro inolvidable Moyano. Fallecido injusta, repentina y prematuramente el 13 de  mayo de 2017, dejó en el que escribe y en todos sus compañeros de la EZAPAC un recuerdo imborrable.


Soldado Moyano, presto a embarcar en T.2B (Junkers 52) para lanzamiento en 1974

Los años 80 elevaron el paracaidismo en la unidad a un  altísimo nivel, siendo la auténtica referencia en paracaidismo táctico para todas las Fuerzas Armadas. Se fueron  consiguiendo diversos hitos, como el ya comentado de la  independencia total en lanzamientos a alta cota, récord  de España de altura de lanzamiento en avión, con 35500  pies desde un T-10 en 1987; mismo año en que se batió  el récord de distancia recorrida en paracaídas con 50 kilómetros navegados. No obstante, los medios eran precarios y la dotación oficial muy escasa, teniendo que llevar,  por ejemplo, ropa interior de abrigo fabricada a mano en  casa por las propias cónyuges. Contaba Moyano, en este sentido, como se superaban  hitos y barreras, como aquella vez en 1980 en que efectuaron un salto en plena Sierra Nevada. No era frecuente  lanzarse en un ambiente tan poco propicio, se desconocía cómo iba a responder el paracaídas en ese entorno y  si la pericia propia valdría en caso de emergencia o para  aterrizar en una zona nevada. Los picos de la zona, como  el Veleta, se alzaban amenazantes y los rostros serios y  preocupados eran la tónica general en el avión. No obstante, y a pesar de ver muy de cerca las elevaciones y algún que otro susto, la patrulla tomó sana y salva en las  propias pistas de esquí.



Sección pruebas y exhibiciones de la EZAPAC, años 70

Como ya se comentó, el impulso de Beltrán y su capacidad innovadora llevó a la creación de ejercicios  internos de instrucción, casi siempre con interminables  marchas, como aquellos denominados Caminante en los  que, dejando la Escuadrilla con el personal mínimo, se  lanzaba la unidad al completo por la zona de La Puebla  de Don Fadrique o Almaciles (Granada) y debía regresar  a pie hasta Alcantarilla (a unos 140 kilómetros), teniendo  que ser el personal avituallado por aire en un punto y  horas determinados con las míticas avionetas U-9 (CASA  C-127) de la 407 Escuadrilla de Tablada. Moyano contaba con emoción y orgullo aquellos ELD y ECD (ejercicios  de larga y de corta duración) y se reía al decir que él no  conocía Murcia, sino que se la había pateado entera.


Largo cmino a pie hasta casa para este grupo de zapadores a principios de los 80



Aterrizando en Sierra Nevada



Actividades en agua, Embalse del Cenajo en los años 80


Los zapadores en una de sus interminables marchas a pie en los años 80


Patrulla de la EZAPAC presta al embarque en el T.9 Caribou de Villanubla aparcado detrás, hacia 1986


Salto a alta cota desde el Hércules, 1983. Moyano está arrodillado, segundo por la izquierda


En 1982, de vuelta a la unidad ya como sargento,  vivió de primera mano la creciente tecnificación de la  EZAPAC, con la iniciativa de Beltrán de traer a los primeros suboficiales y tropa especialistas. Participó en el  preceptivo curso de CCT (controlador de combate) a la  par que mantenía su alto nivel en paracaidismo junto a  otras figuras como Pepe Toledo, Antonio Martínez Ortuño, Paco Blanco o Quico Jerez, entre otros muchos.  Como curiosidad, desde 1983 la EZAPAC fue designada como unidad responsable en entrenamiento esupervivencia (SERE) de las tripulaciones aéreas del  Ejército del Aire, tanto en tierra como en agua. Hasta  hace poco ha mantenido ese rol, siendo ahora la Escuela Militar de Paracaidismo la encargada de impartir  esta instrucción. Los años 80 acaban con otro hito para la EZAPAC y  el Ejército del Aire, como es el del primer despliegue  de las Fuerzas Armadas en una misión internacional, en  este caso de la ONU y en África, concretamente en Namibia. El éxito de esta empresa, pese a las dificultades,  supuso la primera experiencia de lo que hoy es una  realidad de nuestra Fuerza Aérea: su carácter expedicionario. Nuestro querido Moyano, que deja la EZAPAC  rumbo a Constantina en 1990, cede ahora el testigo a  nuestro siguiente protagonista y mito absoluto de la  unidad: José Francisco Jerez Moreno.


Ejercicio de supervivencia en agua, Mar Menor, segunda mitad de los 80


LOS AÑOS 90. LA TRANSICIÓN AL ESCUADRÓN  MEDIANTE LA REPUTACIÓN

La primera vez que vi a Quico Jerez en mi vida fue en  junio 2006, entonces nos encontrábamos los alféreces  alumnos de la AGA en Alcantarilla realizando la fase de  paracaidismo básico del Curso de Seguridad y Defensa  de la ETESDA. En esos días era sargento primero, y transmitió una energía y una vitalidad que mantuvo hasta el  último día de su vida en activo en el EZAPAC en 2016. El famoso dicho de «si no existiera habría que haberlo inventado» es perfectamente aplicable al hoy teniente  (retirado) Jerez Moreno. Ingresó en el Ejército del Aire en  1974, en el Centro de Instrucción del Aeródromo de El  Copero, donde juró bandera para poco después de un  mes marchar a Tablada al transferirse El Copero al Ejército de Tierra. En muy poco tiempo, decidió pedir destino  a la EZAPAC. Como curiosidad, su rápida adaptación al  medio paracaidista y su pericia, le llevó a ser campeón  del mundo individual en Chile en 1980, formando parte  de la recién creada patrulla acrobática, la célebre PAPEA. Los años 90 vieron el afianzamiento de la Escuadrilla  como el nexo necesario entre los medios aéreos y terrestres propios, especialmente cuando no era posible hacerlo con elementos convencionales. Por ese motivo, la  EZAPAC fue designada en 1993 para conformar los TACP  (equipos de control aerotáctico) que el Ejército del Aire  puso a disposición de las Naciones Unidas para sus sucesivas misiones UNPROFOR, IFOR y SFOR en Bosnia-Herzegovina. En la primera rotación estuvo el sargento Jerez,  formando parte de uno de los dos TACP enviados. Durante siete años permaneció la EZAPAC enviando relevos  consecutivos, hasta que en el año 2000 se decidió replegar a los equipos de control del Ejército del Aire, después  de 31 relevos y 11435 conducciones positivas efectuadas  con diferentes cazas, helicópteros y bombarderos de la  coalición internacional. Entre tanto, entre 1994 y 1995 dio tiempo también a volver a pisar África para ayudar  a solventar la terrible situación en Ruanda, también con  mandato de la ONU.


Cabo 1.º Cabrera y Cabo 1.º Payá en Namibia, 1989


Una nueva generación de oficiales, suboficiales y militares de tropa fueron llegando en esta década a la EZAPAC,  muchos de los cuales continuaron hasta bien entrado el  siglo XXI, incluso unos pocos siguen en la Unidad. Fueron  y son el vínculo directo con los veteranos de los 70 y 80,  siendo los responsables del mantenimiento de las tradiciones y el alto grado de exigencia que posee todavía hoy  el EZAPAC. A ellos les tocó la responsabilidad de llevar a  la Escuadrilla hacia el siglo XXI y modernizarla en procedimientos y medios hasta dotarla del prestigio que hoy  atesora y convertirla en la envidia de nuestros compañeros  de operaciones especiales del ET e Infantería de Marina.  En esta década, la participación en ejercicios combinados  con Estados Unidos y otras naciones como el POPE o el  RED FLAG, dieron otra dimensión a la unidad, ganándose el merecido reconocimiento y acumulando experiencia de  incalculable valor entre sus componentes al trabajar con  aeronaves y en lugares diversos. En este último ejercicio,  la EZAPAC tuvo que tirar de inventiva para poder reunir  el equipo necesario y cumplir la misión de acompañar a  los cazas españoles que se desplazaban hasta Estados Unidos, ofreciendo así la necesaria cobertura SAR por el Atlántico Norte y estar listos para rescatar a las tripulaciones si  se eyectaban por problemas en sus aparatos. Hoy día, esta  misión se sigue efectuando por parte del Escuadrón, nadie  más está capacitado entre las fuerzas terrestres del EA.


Primer TACP que regresa de Bosnia en 1993. Sargento Jerez, primero por la izquierda


No quisiera olvidar que en 1997 cambiaron su boina  negra de paracaidista (lástima que se haya perdido su  valor al universalizarla) por la verde de las fuerzas especiales, a semejanza del resto de naciones aliadas. Y que,  viendo la creciente importancia de las operaciones aéreas  especiales, el JEMA decidió, en mayo de 2002, recuperar  la categoría de escuadrón para los zapadores, al mando  de un teniente coronel. Allí estuvo siempre Quico Jerez,  junto a muchos otros que no tengo espacio para nombrar  y a los que admiro y respeto profundamente. Ellos saben  quiénes son.


TACP del Ejército del Aire en Bosnia, mediados de los años 90



Subteniente Jerez, miembro de HELISAF, base de Herat, Afganistán


El Escuadrón de Zapadores (2002-hoy)
Tradición y vanguardia al servicio de España
(Antonio Pareja Sanz Comandante del Ejército del Aire)


EL EZAPAC: PISANDO FUERTE EN EL SIGLO XXI

El inicio del siglo XXI para la EZAPAC trajo muchísimas  novedades. Si los años 90 acabaron con la Escuadrilla  plenamente dedicada al rol de operaciones aéreas especiales (SAO), concretamente en su vertiente de integración aire-suelo (SOALI, Special Operations Air-Land  Integration) e instalada en la élite del Ejército del Aire, la  nueva década fue testigo de la potenciación de sus capacidades y entidad.  En mayo de 2002, tras un periodo de transición de un  par de años, posterior al final de la misión en Bosnia-Herzegovina, se produjo un gran cambio que supuso el espaldarazo definitivo en la confianza en las capacidades  de los zapadores. Por la instrucción 81/2002 del JEMA, se  le cambia la denominación a la unidad, pasando a tener  entidad de Escuadrón, al mando de un teniente coronel  en vez de un comandante, siendo el primero el teniente  coronel Joaquín Carrasco. El ritmo de cambios en los últimos 20 años ha sido vertiginoso, con un momento clave en el aspecto de personal  y material del EZAPAC, como fue el inicio de las operaciones en Afganistán. Un teatro, el del país asiático, que ha  marcado a todo el Ejército del Aire.


BULLFIGHTERS DE NUEVO AL RUEDO

La tranquilidad, muy entre comillas porque eso  no existe como tal en el EZAPAC, que se vivió tras  Bosnia, se quebró con la misión encomendada al Escuadrón (todavía Escuadrilla) en marzo de 2002: la  protección de los aviones P-3 del Grupo 22 en Yibuti.



PJ (Parachute Jumpers) del Escuadrón en la base de Herat (Afganistán)


Allí se permaneció durante un par de años, hasta febrero de 2004 y, sin casi solución de continuidad, en verano  de este año los zapadores fueron llamados de nuevo para  actuar como equipo de control aerotáctico. El éxito de la  operación en Bosnia no había pasado desapercibido, y  el Ejército del Aire volvió a confiar en sus ya boinas verdes para contribuir con apoyo aéreo cercano (CAS) a las  fuerzas aliadas en el norte de Afganistán. Es la primera  vez que el EZAPAC forma parte de la misión ISAF (International Security Assitance Force), siendo desplegados tres  TACP (Tactical Air Control Party) y su célula de apoyo a la  base de Mazar-i-Sharif, en la provincia de Balkh, durante  únicamente tres meses.  La experiencia previa en los Balcanes, y esta incipiente en Afganistán, hizo que se viera la necesidad de dotar  al Escuadrón de los medios más adecuados disponibles.  Los informes realizados en cada área por los expertos de  la unidad dieron su fruto con la llegada progresiva de  mejor material a todos los niveles.


Miembro del EZAPAC asegurando una zona de toma de helicópteros

Es una constante que  se sigue manteniendo hoy, siendo notable la importancia  que da el Ejército del Aire a sus fuerzas especiales, de tal  manera que puedan llevar a cabo sus misiones e instrucción con las mejores garantías de éxito. Así pues, pocos meses después el EZAPAC volvió a  Afganistán. En mayo de 2005, y con la llegada de los españoles a la provincia de Herat, se dio paso a una presencia  de casi una década en territorio afgano, con hasta cinco  TACP simultáneos en el momento álgido en la Base de  Herat o en la de Qala-i-Naw, además de los equipos de  PJ (Pararescue Jumpers) del destacamento HELISAF, que  tantas vidas ha salvado. Hay muchos momentos para contar, elevada tensión, combates contra la insurgencia, cientos de conducciones y decenas de MEDEVAC. Y toneladas  de compañerismo, sacrificio y buen hacer, como se puede  comprobar en el excelente especial de esta misma revista  (RAA n.º 832). A nivel de experiencia, mejora de procedimientos, adquisición de equipos y prestigio propio, la misión en Afganistán del EZAPAC se puede calificar como  clave para tratar de entender lo que la unidad es hoy.



Formación de zapadores paracaidistas. El trabajo en equipo es fundamenta


Tras el final de las operaciones en Afganistán por parte  de los zapadores, allá por octubre de 2014, aún se volvió a reunir de nuevo a los Bullfighter, en este caso para  ser enviados hasta Irak, donde un TACP permaneció de  febrero de 2016 hasta agosto de 2020, de manera continuada, dando apoyo al contingente del Ejército español  que entrenaba en la base Gran Capitán de Besmayah al  Ejército iraquí contra el autoproclamado Estado Islámico.  Si echamos la vista atrás, casi se puede decir que el EZAPAC ha tenido siempre equipos de control aerotáctico  desplegados en el extranjero ininterrumpidamente desde 2004 a 2020. Todo ello además de los requerimientos  nacionales constantes (entrenamiento de las alas de caza,  ejercicios propios o conjuntos) o el uso de los controladores terminales de ataque (JTAC) en otras misiones, como  la llevada a cabo también por el Escuadrón en Bagdad  de entrenamiento de las Fuerzas Especiales iraquíes. Una  auténtica locura.


ESPECIALISTAS EN SAO Y ASISTENCIA MILITAR

En estas dos últimas décadas, el EZAPAC ha logrado  un alto desarrollo en las otras dos áreas de las operaciones aéreas especiales, vertiente SOALI, como son la  de equipo de control de combate (CCT,por siglas en  inglés) y recuperación de personal (PR). La imbricación  en este sentido con las unidades SAO de ala fija (353  Escuadrón) y ala rotatoria (803 Escuadrón) es máxima,  de hecho ya se ha empezado a trabajar exitosamente  en este sentido con el nuevo helicóptero del Ejército del  Aire, el NH90 Lobo (HD.29) en este tipo de misiones, a semejanza de lo que se ha hecho durante tantos años  con el HD.21 Superpuma.



Las SAO implican estrecha colaboración con los medios de ala rotatoria. Tiradores de precisión embarcados


Por normativa, cualquier lanzamiento de personal y  cargas que efectúe el EZAPAC o toma de un medio aéreo  en espacio no controlado deberá contar con la presencia  de un controlador táctico (un CCT), el cual, en contacto  estrecho con la tripulación del avión o helicóptero, deberá ser capaz de realizar la operación con éxito y seguridad,  sea en tierra o en agua. La importancia y responsabilidad  de este personal es vital para el desarrollo de las operaciones aéreas de manera eficaz y segura.



Ejercicio de PR con el nuevo HD.29 en 2021


Además del rol SOALI (CAS, CCT y PR), el EZAPAC es  capaz de ofrecer, de manera sobresaliente, la capacidad  de llevar a cabo las misiones clásicas de operaciones  especiales: acción directa, reconocimiento especial y  asistencia militar. En este último caso, la unidad ha tenido la fortuna de ser elegida para efectuar misiones de  este tipo más allá de nuestras fronteras. Si bien ha habido ejercicios anuales tipo Flintlock en África, organizados por los Estados Unidos, donde se buscaba instruir  a fuerzas locales y allí el EZAPAC ha podido enseñar sus  dotes para la instrucción a otras naciones, de manera  continuada. Especialmente ha habido dos casos, uno  en Senegal y el otro ya mencionado en Bagdad. Estas  operaciones lo que buscan es que las propias fuerzas  locales se hagan cargo de la lucha contra el terrorismo o contra el crimen organizado en sus propios países,  buscando, como objetivo secundario, el ser capaces de  interoperar con nuestros propios elementos aéreos, en  el caso de Senegal, o con los de la Coalición, en el iraquí. La experiencia proporcionada por el Escuadrón y la  propia adquirida al desarrollar la misión en ambientes  tan lejanos, con medios locales y climas diversos, ha supuesto un auténtico espaldarazo a la manera de trabajar  tan abnegada y profesional del zapador paracaidista. ¿POR QUÉ SUCEDEN LAS COSAS? En este sentido, es impensable comprender lo que es  hoy la unidad de operaciones especiales del Ejército del  Aire sin saber de dónde viene, tal y como se ha explicado  en páginas anteriores. El trabajo incansable de los que  nos precedieron y la ilusión, motivación y deseo de servir de los que han tomado el relevo han conformado un  escuadrón moderno, profesional, técnico, todo tiempo y  todo terreno, acostumbrado a trabajar en entornos conjunto-combinados muy exigentes y, especialmente, con  una experiencia en operaciones reales espectacular. Lo más visible son los equipos operativos, sin duda. Es  lo principal que ofrece el EZAPAC al mando, de tal manera que los pueda emplear con la confianza de que cumplirán la misión que se les encomiende.

   

Estos oficiales,  suboficiales y militares de tropa se entrenan y ejercitan  cada día para ser los mejores en su trabajo, con una mentalidad aeronáutica fuera de lo común, pues el entorno  principal del zapador paracaidista es el medio aéreo,  aunque no el único. La instrucción en el EZAPAC es continua y se inculca  desde que se accede a la unidad, da igual el empleo o la  procedencia. Como dice una de nuestras consignas, «Paracaidista, aquí no importa de dónde vengas, ni lo que  hayas sido antes de llegar. Aquí sólo importa lo que eres y  lo que serás». Porque siempre hay algo en lo que mejorar  y gente de la que aprender en el escuadrón. La formación  es constante, los cursos a realizar innumerables. Recuerdo cuando llegué al EZAPAC que el entonces jefe, teniente coronel Carrillo, me dijo algo que en ese momento me  extrañó pero que no puedo sino corroborar: un zapador  tarda de media cinco años en formarse desde que llega.  Yo me atrevo a decir que se quedó corto, y es que tras mi  paso por allí creo que nunca dejas de formarte, reciclarte  y de aprender de los mejores. Si en el anterior artículo veíamos la institucionalización  y la periodicidad de diversos ejercicios internos, en el  siglo XXI se perfeccionan incluso más. Sin ese entrenamiento constante, sin esa voluntad por mejorar, no hay  unidad de operaciones especiales que sobreviva. En este  caso, aparte de la instrucción física dirigida diaria que  todo el personal realiza, hay una serie de ejercicios periódicos de muy alto nivel que, especialmente los equipos operativos, llevan a cabo, pero que implican a menudo a  toda la unidad. Son los SAO-Alfa, Bravo y Charlie, en los  cuales se tocan todas las materias que conforman el saber de un zapador: tiro, explosivos, vida y movimiento en  montaña, supervivencia en tierra y agua, paracaidismo,  etc. Además, suelen implicar muchos medios propios y  del EA, en ocasiones de otras entidades como el Ejército  o la Armada.  Aparte de este entrenamiento interno, el EZAPAC es  invitado regularmente, tanto a nivel nacional o internacional, a participar en diversos ejercicios, muchos de ellos  relacionados con las SAO: SERPENTEX, ETAP, APROC...  La lista sería interminable, así como la de países que ha  tenido presencia zapadora o las decenas de medios aéreos con los que se ha colaborado.



JTAC del EZAPAC controlando de aeronaves F-16 iraquíes en Besmayah


AQUELLO QUE NO SE VE

Como se ha visto, la vida en el EZAPAC en los últimos  años puede ser de todo menos aburrida. En nuestra retina está el equipo operativo esperando la luz verde con  rampa abierta a miles de pies, portando el material más  moderno, listos para entrar en acción. Una vez en tierra  los visualizamos ejecutando su misión perfectamente sincronizados, tal y como han ensayado repetidas veces.  Nada de ello sería posible sin aquello que no se ve tanto. La historia del EZAPAC es también la de aquellos que  contribuyen a que todo funcione correctamente, siguiendo el ejemplo de los que nos mostraron el camino en la  Primera Bandera, Primer Escuadrón y la Escuadrilla.



Paracaidista con el equipo para lanzamiento a alta cota desde un T.21  del Ala 35


Aunque suene pretencioso, no todo el mundo puede o se atreve a llamar a la puerta del EZAPAC. Si hay  una definición de «salir de la zona de confort» es precisamente esa. Una vez que se llama y se entra, no todo  el que lo hace supera las diversas pruebas, sean retos  físicos o mentales, o una combinación de ambos. Porque  ahí aparece el personal que mantiene los altos estándares de la unidad y primeros depositarios de la tradición  y la cultura de los zapadores paracaidistas: la Escuadrilla  de Instrucción.


La misión de asistencia militar en Senegal ha sido un auténtico éxito  del modelo SAO español



El personal de instrucción es el encargado de recibir  al recién llegado y hacer la criba inicial, formando en los  valores y tradiciones a estos futuros operadores. El que  hagan bien su labor es fundamental para que el Ejército del Aire pueda seguir contando como lo hace con  los zapadores. Durante muchos meses, da igual la hora  del día o de la noche, si llueve o hace sol, durante miles  de horas, los instructores se afanan en sacar lo mejor de  aquel que quiere permanecer en la unidad y convertirse  un día en boina verde. Su trabajo es, a veces, muy ingrato y poco reconocido, pero sin ellos no habría EZAPAC.  Con guante de seda, unas veces, con guante de hierro,  en otras, dan forma a un tipo de militar que creerá firmemente en que, como a mí me decía uno de aquellos  suboficiales, «lo difícil se hace y lo imposible se intenta».  El soldado, que empieza con lo más básico en cuanto a medios y procedimientos, va evolucionando hasta  llegar al final de su instrucción manejando equipo de  lo más variado y tecnológicamente avanzado. En condiciones normales, si llega a estar presente en la entrega  de su boina verde, un acto tremendamente emotivo por  lo que cuesta conseguirla, este nuevo zapador estará  en disposición de seguir su formación con un espíritu  inquebrantable. Valgan estas líneas para mostrar mi  admiración, respeto y gratitud por todos aquellos instructores, muchos con años a sus espaldas y experiencia  en cantidades industriales en equipos operativos, que  han entregado su esfuerzo y tesón para que todos sigamos creyendo en ese «noble ideal» que aparece en  nuestro emblema.


 
El plan de instrucción para ser zapador paracaidista es, sin duda, el más duro y exigente del Ejército del Aire


El escuadrón maneja el material más moderno y preciso, como sus  fusiles de precisión



Nuestros pioneros de 1947 nos legaron el espíritu paracaidista que  caracteriza al EZAPAC


Todo ese equipo que porta el zapador paracaidista se  usa, sí, y se lleva al límite. No se utiliza para únicamente desfilar en las grandes ocasiones. Frecuentemente,  se moja, se embarra, sufre golpes o altas temperaturas  y polvo, como en Irak. Los vehículos, lo mismo, para eso  están. De los paracaídas, ni hablamos. Todo el material lo  mantiene, en primera instancia, el usuario. Pero que esté  siempre disponible, que pase sus revisiones, que no se  estropee o averíe cuando más se necesita, es trabajo de  la Escuadrilla de Apoyo. Son también los zapadores imprescindibles que, como decimos, muchas veces no se  ven: la Armería, CIS, UAVs, Automóviles, Almacén General, Sala de Plegados y Sanidad. Su personal posee una  cualificación técnica sobresaliente, manejando equipos  de millones de euros realmente complejos y sofisticados. Lo mismo es aplicable para la Plana Mayor del EZAPAC,  con sus secciones de Personal, Inteligencia, Operaciones  o Planes. Con la mirada puesta en el presente, siguen la  actualidad del Escuadrón y no descuidan ni por un segundo el futuro, siendo responsables de la revisión y seguimiento de toda la normativa y procedimientos genéricos  y particulares, tanto a nivel nacional como internacional. La actividad frenética del EZAPAC deja poco tiempo a  veces para la reflexión acerca de lo conseguido en estos  ya setenta y cinco años de paracaidismo táctico y deportivo en el Ejército del Aire, pero ahí están los resultados.  ¡Los pioneros en las Fuerzas Armadas! Celebramos un  aniversario de platino donde unos visionarios con una voluntad fuera de lo común crearon una unidad paracaidista  de la nada, con medios que hoy no resistirían ningún test  de seguridad y que han atraído a verdaderos valientes a  lo largo de las décadas, hasta llegar a los que hoy conforman la unidad. De estos últimos es ahora la responsabilidad de mantener este espíritu, de mejorar en el día a día  y de honrar a sus caídos y a los que les precedieron, sus  veteranos. Y a no olvidar nunca su historia.


El escuadrón sigue su marcha en busca de nuevos retos por el camino que nos mostraron nuestros veteranos

                                                                                     





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