HÉROES CAIDOS DEL CIELO

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HÉROES CAIDOS DEL CIELO

VETERANOS ZAPADORES PARACAIDISTAS EJÉRCITO DEL AIRE
Publicado en PARACAIDISMO · 8 Marzo 2022
“𝗛É𝗥𝗢𝗘𝗦 𝗖𝗔Í𝗗𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗖𝗜𝗘𝗟𝗢 𝗔 𝟯𝟱.𝟱𝟬𝟬 𝗣𝗜𝗘𝗦  “

 
Son águilas surcando los cielos. Se lanzan al vacío a 35.500 pies de altura, más de 11.000 metros. A una velocidad de vértigo, a 200 kilómetros por hora. Cargaron más de 50 kilos de peso. Cayeron con una precisión milimétrica en un radio que puede alcanzar hasta los 60 kilómetros. Soportaron cambios térmicos de 60 grados en apenas segundos. Hombres que encaran el miedo de frente. Que se mueven al ritmo de la adrenalina. Hombres que se comportan como héroes.

 
La Base Aérea Morón fue el escenario escogido por la entonces Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire para realizar un salto HALO desde 35.500 pies.

 
Son alrededor de las diez de la mañana. Es viernes 30 de octubre de 1987 y ninguno de los cinco saltadores sabe exactamente desde qué cota van a saltar ni la hazaña que están a punto de realizar. Ha pasado más de una hora y cuarenta minutos desde que salieron de la base de Morón de la Frontera en el interior de un avión C-130 Hércules del Ejército del Aire se encuentran  los cabos 𝗦𝗲𝗯𝗮𝘀𝘁𝗶á𝗻 𝗔𝗺𝗮𝘆𝗮 𝗕𝗿𝗲𝗻𝗲𝘀 ,𝗦𝗲𝗯𝗮𝘀𝘁𝗶á𝗻 𝗩𝗮𝗹𝗲𝗻𝘇𝘂𝗲𝗹𝗮 𝗙𝗲𝗿𝗻á𝗻𝗱𝗲𝘇, 𝘆 𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗠𝗮𝗻𝘂𝗲𝗹 𝗠𝗮𝗿𝘁í𝗻𝗲𝘇 𝗣𝗿𝗶𝗲𝘁𝗼, todos ellos perteneciente a la entonces Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas, más el sargento 1º Pedro Mayol Clemente perteneciente a la Brigada Paracaidista. Desde entonces han estado conectados a una consola de oxígeno, respirando por las mascarillas y aclimatándose para un salto de gran altura en una maniobra conocida como salto HALO.

 
Subidos en el C-130  los cinco saltadores están dispuestos a realizar un salto HALO que los convertirían  en unos héroes sin ni siquiera haber sido planeado, toda una verdadera hazaña la llevada a cabo por estos valientes paracaidistas.

 
Cinco paracaidistas lanzándose  a 35.500 metros de altura para desarrollar ejercicios Halo (High Altitude-Low Opening) técnicas en la que el efectivo abre el paracaídas a baja altitud, tras un tiempo de caída libre de 35.500 metros, o bien unos segundos después de saltar del avión, respectivamente. Maniobras de gran complicación, con el añadido del uso del oxígeno, que requiere una estricta preparación física y técnica y una coordinación al milímetro con la patrulla.

 
Ejercicios orientados a poner en práctica los procedimientos que tenían que desarrollar en operaciones reales y que además han servido para probar nuevos métodos para el cálculo del punto de salida en función de los vientos así como para realizar intercambios de procedimientos y experiencias con otros ejércitos españoles y de otros países.

 
A esta altura la temperatura es de 50 grados bajo cero y la densidad del aire es mucho menor. Estos cinco Paracaidistas no tiene ningún refuerzo especial para el frío y para respirar llevan una mascarilla tomada de los pilotos de caza. La vestimenta para el salto era muy rudimentaria con monos de saltos de segunda mano y abrigándose con tan solo un chándal deportivo, pijama debajo del mono de salto y varios calcetines para evitar el duro frio a esa altitud. Para respirar llevaban tan solo una botella pequeña de oxígeno adosada al paracaídas de pecho.

 
Previamente, uno a uno el jefe del salto ha pasado revista a cada uno de los efectivos para garantizar la seguridad del equipo en función del lanzamiento, realizando una respiración previa de las mascarillas de oxígeno dado el nivel de descomprensión que van a soportar durante el lanzamiento.

 
Un instante después, los cinco hombres se ponen las gafas y la mascarilla y se colocan para el salto. Están simulando una misión de combate y llevan la mochila y armamento reglamentario. Han ascendido dando vueltas y se encuentran en algún punto sobre la provincia de Sevilla, a 11 kilómetros de altitud. A bordo hay un técnico de oxígeno y un médico militar que ha supervisado el estado de los saltadores para garantizar su seguridad. De los 30 hombres que acudieron a Morón como candidatos, solo ellos han superado las pruebas físicas.

 
A escasos segundos del salto, Martínez Prieto tiene un problema con las gafas. Uno de los corchetes se ha desenganchado y eso le impide saltar. Un compañero se acerca a él y logra colocárselo justo a tiempo. Un poco más y tendría que haberse quedado en el avión. Con la puerta del Hércules abierta, se cuela el aire helado de los 35.500 pies que hiela los huesos. Después de tanto tiempo encerrados, su única obsesión era saltar del avión.

 
La caída libre de los cinco hombres dura algo más de tres minutos y bate el récord de España de altitud. Caen desde 11 kilómetros, pendientes de la presión del oxígeno y con altímetros preparados para la mitad de altura.

 
Al terminar el salto del 30 de octubre de 1987, no hubo grandes fanfarrias ni celebraciones por la hazaña. Era un salto casi rutinario del Ejército. No fueron conscientes de la hazaña histórica  que habían realizados.

 
El pasado día 21 de enero durante el acto llevado a cabo con motivos de 74° Aniversario del Primer Lanzamiento Paracaidistas se escucharon los nombres de estos héroes, son homenajeados merecidamente por el EZAPAC 35 años más tardes en la Base Aérea de Alcantarilla porque su heroísmo, para que no quedara en el olvido en un salto que por motivos desconocidos se convirtió en un “SALTO INVISIBLE “. Se desconoce del porque no fueron homenajeados antes cuando saltos de menor altitudes salieron a la luz y sus componentes obtuvieron sus recompensas, como fueron sus correspondientes Reconocimientos al Mérito.

 
Por fin nuestros queridos compañeros Amaya, Valenzuela, Prieto cuenta con un inolvidable y más que merecido Homenaje, junto a Pedro Mayol Clemente de la BRIPAC. Enhorabuena y felicitaciones para todos ellos que contribuyeron a que la entonces EZAPAC fuera más grande y con la EZAPAC, que actualmente es reconocida como se merece gracias a los esfuerzos, labor y heroísmos de sus predecesores, esos 𝗩𝗘𝗧𝗘𝗥𝗔𝗡𝗢𝗦 que cumplieron fielmente con nuestro Lema “𝗦ó𝗹𝗼 𝗺𝗲𝗿𝗲𝗰𝗲 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝘂𝗻 𝗻𝗼𝗯𝗹𝗲 𝗶𝗱𝗲𝗮𝗹 𝗲𝘀𝘁á 𝗱𝗶𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗮 𝗺𝗼𝗿𝗶𝗿”. Nada crece sin los esfuerzos de los demás.

 
Enhorabuena y felicitaciones por este más que merecido homenaje, tarde pero llegó. Mencionar a la 𝗝𝗲𝗳𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝗭𝗔𝗣𝗔𝗖 por acordarse de este merecido gesto en el olvido y especialmente  a las gestiones de la  Asociación de Veteranos Paracaidistas del Ejército del Aire (𝗔𝗦𝗩𝗘𝗔𝗣𝗔𝗥𝗘𝗔), de su Junta Directiva, con la magnífica labor de su presidente D. 𝗔𝗻𝘁𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗧𝗲𝗿𝘂e𝗹 𝗟ó𝗽𝗲𝘇  que llevaba años intentando que este salto y sus miembros Veteranos Paracaidistas les fueran reconocidos su heroísmo y ocupara el lugar que justamente se merecía, su salto, unos auténticos 𝗵é𝗿𝗼𝗲𝘀 𝗰𝗮í𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗶𝗲𝗹𝗼 .

 
(𝗣𝗼𝗿 𝗟𝘂𝗶𝘀 𝗥𝗶𝘃𝗮𝘀)



GALERÍA


 Los cabos 𝗦𝗲𝗯𝗮𝘀𝘁𝗶á𝗻 𝗩𝗮𝗹𝗲𝗻𝘇𝘂𝗲𝗹𝗮 𝗙𝗲𝗿𝗻á𝗻𝗱𝗲𝘇 𝘆 𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗠𝗮𝗻𝘂𝗲𝗹 𝗠𝗮𝗿𝘁í𝗻𝗲𝘇 𝗣𝗿𝗶𝗲𝘁𝗼, todos ellos perteneciente a la entonces Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas, más el sargento 1º Pedro Mayol Clemente perteciente a la BRIPAC se disponen a la recogida de sus correspondientes recompensas al Mérito.



Entrega de Diplomas


Merecido Homenaje


El presidente de la  Asociación de Veteranos Paracaidistas del Ejército del Aire (𝗔𝗦𝗩𝗘𝗔𝗣𝗔𝗥𝗘𝗔) D. Antonio Teruel López posando con los homenajeados.


El cabo Sebastián Valenzuela Fernández posando con su Diploma



El cabo Juan Manuel Martínez Prieto Posando con su Diploma



En la foto posando el cabo Sebastián Amaya Brenes con miembros de la Escuadrilla de Zapadores


El cabo Amaya que por motivos personales no puedo acudir al acto



Diploma del reconocimiento





Miembros de la Escuadrilla de Zapadores y tripulantes posan a los pies del Hércules C-130 donde se efectuó aquel histórico salto






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