GENERAL BELTRÁN DOÑA - VETERANOS ZAPADORES PARACAIDISTAS EJÉRCITO DEL AIRE

Vaya al Contenido




TENIENTE GENERAL D. JOSÉ ANTONIO BELTRAN DOÑA
 
 
                                               
 
Corría el año 1941 cuando José Antonio Beltrán Doña nació en Las Palmas de Gran Canarias. Criado en el seno de una familia de clase media, fue el mayor de dos hermanos. Su padre, capitán de Sanidad Militar, procedente de alférez provisional, educó a sus hijos con rectitud, en el respeto a las tradiciones y el cumplimiento de los preceptos de la fe católica como era el uso. Todo ello con la convicción de que una parte importante de la educación familiar tenía el propósito de formar el carácter y la personalidad de sus hijos. Lo cual se lograba mediante el modelado constante diario de las actitudes y comportamientos que aporta la formación de los valores familiares. Valores  que servirían de guía y camino a nuestro protagonista tanto en su futuro personal como el profesional. Los primeros nueve años los pasó en Las Palmas al estar destinado su padre como jefe de destacamento de sanidad militar de la ciudad.

 
Cursó sus estudios primarios en un colegio privado, en Las palmas, que había cerca de su casa. Al igual que su hermana, dos años menor que él. Trasladado su padre a la península, recaló en la ciudad de Valencia sin olvidar sus orígenes canarios ni sus aficiones, entre ellas, la natación.

 
Afición que ha cultivado a los largo de los años, perteneciendo a varios clubes. Estudió el bachillerato en el colegio-academia Martí, sito en calle Caballeros en el antiguo palacio de los Mercader, en el barrio del Carmen, uno de los más castizo de la ciudad y muy cerca de las antiguas entradas a la ciudad de Valencia, las Torres de Quarte por un lado y las de Serrano, por el otro. En la actualidad el edificio ya no cumple las funciones educativas, y existe un proyecto para convertirlo en la sede de la Unión de Cooperativas Agrícolas de Valencia. Allí permaneció hasta los diecisiete años, compaginando los cursos de bachillerato con la preparación para el ingreso en las Academias General Militar y del Aire y con su servicio militar, ya que cuando cumplió dieciséis años ingresó en el Ejército de Tierra como voluntario en la Agrupación de Sanidad Militar núm. 3 . Ascendió a cabo por elección y cuando ingresó en la Academia Militar del Aire estaba a punto de ser promovido al grado de cabo primero de sanidad. Grado y especialidad de los que siempre ha estado muy orgulloso de exhibir, según nos cuentan quienes lo han conocido. El primer año que se presentó a la oposición lo hizo en las dos academias y en lo que por entonces se llamaba “primer grupo” . Al año siguiente se decidió por la General del Aire, “Me gustó mucho más su ambiente cálido y acogedor, el mar, la luz, que la sensación seria y distante de las sobrias edificaciones de Zaragoza” ( Comentarios de Beltrán) . En el año 1961 ingresó en la Academia General de Aire, en Santiago de la Ribera, y tras cursar durante cuatro años los correspondientes estudios recibió el despacho de Teniente de Arma de Aviación, Servicio de Tierra ( Posteriormente sería Tropa y Servicios), de las XVII promoción, y fue destinado a la Escuela Militar de Paracaidistas. Dos años después de titularse, al finales del mes de mayo del año 1967, contrajo matrimonio con Carmina en la basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, en Valencia. Unión de las que nacieron dos niñas gemelas y tres chicos.

Academia del Ejército del Aire en Santiago la Riberra (Murcia)
 
 
A estas alturas ya está en marcha uno de los periodos más importante de su vida profesional que se puede definir con tres palabras “militar, aviador y zapador como el que más”. Etapa dedicada por entero a la milicia en tres fases bien diferenciadas, tal  y como continúa refiriéndonos, la primera cien por cien operativa en los grados de teniente, capitán y comandante. La segunda de gestión y asesoramiento al más alto nivel en los grados de teniente coronel y coronel. Finalmente la tercera, “ejecución y aplicación de la política de defensa en el nivel de dirección en el Estado Mayor del Aire, Ministerio de Defensa y organismos internacionales”.

 
La arribada al paracaidismo militar revistió tintes rocambolescos. Corría el mes de agosto de 1965 cuando se incorporó a la escuela de Alcantarilla. Durante ocho meses en la Escuadrilla de Policía Aérea fue el destino de joven teniente Beltrán, junto a dos de sus compañeros de promoción, los tenientes Esteban López y Cordón Ríos. El teniente Esteban compartía en mismo destino en la escuadrilla de policía y el teniente Cordón en la escuadrilla de instructores. Allí desarrolló Beltrán su trabajo hasta que el 25 de abril inició el correspondiente curso de paracaidismo. Fue un curso especial, los instructores fueron el cabo Fausto y el teniente Emilio Conde, que fue quien asumió la responsabilidad de hacerles paracaidistas en un breve espacio de tiempo. El curso duro una semana escasa, incluido la instrucción paracaidista y los lanzamientos, quizás el curso más corto en las historia de Alcantarilla, la finalidad era cuando fueran al desfile de la Victoria de ese año, los tres tenientes fueran ya paracaidistas. Y lo fueron cuando el 29 de mayo emprendió viaje a Madrid sido agregado a la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas a fin de participar en el desfile.


El joven teniente Beltrán y miembros de la Escuadrilla de Zapadores desfilando en el desfile de la Victoria de Madrid

 
 
Desde la llegada a Alcantarilla, verano de 1965, el coronel Seibane, director de la escuela, ya les dijo “si son ustedes buenos les dejaré hacerse paracaidistas “. El destino de los tres tenientes lo fue en previsión del ascenso que se produciría en fecha inmediata a los tenientes destinados en la escuela. El teniente Esteban, compañero de promoción y destino, estaba muy interesado en hacerse paracaidista. Tal era el empeño del teniente Esteban que no desaprovechaba la oportunidad de indicarlo al nuevo coronel jefe de la escuela, a la sazón coronel Ortiz Repiso, cada vez que tenía una oportunidad. Seibane lo había dejado resuelto. Un día el coronel Repiso llamó a su despacho al teniente Esteban para indicarle que aceptara hiciera el curso bajo dos condiciones. La primera, que lo hiciera de inmediato y, la segunda, que sus compañeros los tenientes Beltrán y Cordón también lo realizaran. Vivamente emocionado, el teniente Esteban buscó a sus dos compañeros, hasta que los encontró en el pabellón de oficiales. Allí mismo les plantó la propuestas del coronel. Ambos mostraron su reticencia a realizarlo, dado que no entraba en sus planes de futuro. El destino quiso que el propio coronel Repiso entrara en el pabellón en ese momento y preguntara al teniente Esteban que habían decidido, Esteban sin dudarlo respondió, ante el asombro de sus compañeros, que los estaban dispuestos a llevarlo a cabo. El 4 de junio del año 1966, los tres oficiales obtuvieron su título de cazador paracaidista, y fue destinado a la Escuadrilla de Zapadores en vacante de libre elección ministerial con fecha 24 de junio de ese mismo año.


Título de Cazador Paracaidista del Teniente Beltrán, con fecha 4 de junio de 1966 y numero de título 16572,
correspondiente al 132º curso básico de paracaidsmo


 
Se iniciaba así una fructífera relación con el medio paracaidista y en particular con los zapadores que ha durado hasta el día de la fecha de su muerte, aun estando en situación de retiro, ya que a petición propia, figuraba adscrito al Escuadrón de Zapadores Paracaidistas.

 
 Tras un corto periodo dedicado a dar los primeros pasos como militar de carrera realizó los cursos de paracaidismo en apertura manual, señaladores guía, instructor civil de paracaidismo, de mecanización para ordenadores electrónicos e investigación militar operativa, además de oficial novel en la unidad paracaidista, nacida de los restos del Primer Escuadrón de Paracaidistas del Ejército del Aire, por lo menos en lo concerniente a la tropa. Su llegada a la escuadrilla coincidió con la asunción de la jefatura por el capitán José Fernando Ayuso Gallardo, a consecuencia de la lesión en un lanzamiento del titular, el capitán Fulgencio Marín Carrasco.

 
 
El capitán Ayuso fue un oficial carismático a quién le tocó bregar no solo con la puesta en funcionamiento durante los primeros años de vida de la escuadrilla, sino también con la incomprensión de sus superiores al querer cumplir el mandato de la orden fundacional. Tarea a la que se incorporó con total dedicación y entrega, y de la que en este estudio se ha tenido ocasión de conocer algunas muestras. Oficial, destinado tanto a la escuela como en zapadores y fundador de la patrulla acrobática de paracaidismo junto al también capitán Piñón, influyó notablemente en nuestro joven teniente. Huella que se hizo patente muchos años más tarde al apoyar la propuesta del coronel de la base de Alcantarilla de adjudicar el nombre de un paracaidista destacado, Pipo Ayuso, a una de las calles de la base.

Relevo del capitán Ayuso por el capitán Cabezas
 
Al igual que hiciera unos años antes el jefe del Primer Escuadrón Paracaidista, el teniente Beltrán realizó en el año 1968 los cursos de ordenadores electrónicos y mecanización de ordenadores electrónicos IBM 1401.  Varias fueron las ocasiones en la que charló con don Mariano, como le gustaba le llamaran. ¿Casualidad o no? La primera fue cuando era todavía teniente en zapadores y teniente coronel don Mariano. Sin embargo, el trato más constante fue cuando era segundo jefe del Mando de Material, con motivo de una compra de paracaídas y al tratar de solucionar problema logístico de la unidad.
 
 
Destinado en la sección de señaladores guías como jefe de la misma, participó en los ejercicios que el Ejercito del Aire organizaba a lo largo de la geografía peninsular. Auspiciado precisamente por el capitán Ayuso, seleccionador del equipo de paracaidismo deportivo del aire, participó en varios campeonatos militares de esta modalidad. La primera etapa de estancia en la escuadrilla estaba a punto de cerrarse, bajo la dirección y jefatura de la unidad del capitán Cabezas, a cuyas órdenes se encontraba. A finales del mes de abril de 1971 fue ascendido al empleo de capitán y destinado al aeródromo de Alcantarilla “por necesidades del servicio”. Si en la ocasión anterior su destino fue la escuadrilla de policía aérea, en la presente lo fue como jefe de la escuadrilla de automóviles y auxiliar de la Mayoría, esta vez en el aeródromo en lugar de la escuela, hasta que en el mes de mayo de 1974 ser agregado al Escuadrón de Alerta y Control num.4 (Rosas).  Destinos que no hubieran sido posibles en el mes de enero de 1972. Durante todo ese tiempo, tres largos años, no perdió nunca contacto con Alcantarilla, revalidando, haciendo cursos, visitando amigos, al mismo tiempo que aprovechó para perfeccionar los idiomas de francés e inglés de lo que se encontraba en posesión.


Escuadrón de Alerta y Control num.4 de Rosas (Gernona) donde estuvo destinado Beltrán
 
 
Mediada la década, se produjo una inflexión histórica en España en todos los ámbitos. En lo histórico una nueva etapa cargada de ilusión y esperanza en el futuro y, en la historia de las Fuerzas Armadas, al dar inicio un nuevo ciclo en las relaciones tanto con el poder constitucional como de la sociedad española. El año 1975 significó el inicio de un cambio trascendental en la trayectoria de la carrera militar del capitán Beltrán Doña, al ser nombrado jefe de la Escuadrilla de Zapadores, y por lo tanto darse las condiciones para en un breve futuro se transformara de manera radical la historia de la unidad. Volviendo al inicio del párrafo, en dos grandes etapas puede clasificarse la evolución de las Fuerzas Armadas. La primera etapa comprendería gran parte del último cuarto del siglo, del año 1976 al año 1996, periodo que a su vez se puede dividir en dos fases. Del año 1976 al 1989 y de ese año al final de 1996. Fueron los años en los que se sometió a examen la estructura orgánica y funcional que hasta ese momento había tenido la institución militar. Fueron los años de los ministros Gutiérrez Mellado. Rodríguez Sahagún, Narcis Serra, García Vargas y Suárez Pertierra.

 
 
Si de entre todos ellos hubiera que citar al alguno, destacaría a dos: Gutiérrez Mellado y Narcis Serra. Ambos, por separados y en unión. Lideraron el viaje que apenas dos décadas tuvieron que realizar las Fuerzas Armadas para evolucionar hacía una organización moderna e integrada en los espacios supranacionales que la escena internacional les tenía reservada. La segunda etapa, única en cuanto a faces, abarcaría del año 1996 hasta nuestros días. Fueron los años del espaldarazo definitivo. Los de la profesionalidad total, de la incorporación e integración de la mujer en todas las especialidades y todos los campos. En particular con el depósito de la cartera ministerial en manos de la socialista Carmen Chacón Piqueras, catalana de nacimiento y andaluza de adopción por obra de sus padres. En definitiva, fue el periodo más fructífero de las Fuerzas Armadas, de cuanto hasta el momento nos ha tocado vivir.

 
 
A primero de septiembre regresó a Alcantarilla, no para realizar las prácticas anuales de paracaidismo, las cuales había realizado en el mes de mayo, sino para hacerse cargo del mando de la Escuadrilla de Zapadores.  La vacante se había publicado de provisión normal, es decir,  se asignaba por antigüedad, y la solicitaron dieciséis capitanes más antiguos que él, lo cual le cerraba todas las puertas para acceder a la vacante. Sin embargo, cosas del destino, todos los que tenía por delante por una u otra razón fueron retirando la “papeleta del destino” y se encontró el primero de la lista. La noticia se la dio su amigo y compañero el teniente Esteban, más antiguo que él que también la había solicitado pero prefirió  hacer el curso de educación física (gimnasia). Habían pasado diez años desde que fue fundada la escuadrilla, y el capitán Beltrán era el quinto jefe de zapadores (dicen que no hay quinto malo) y noveno desde la fundación de la bandera. Se iniciaba una etapa que duraría doce años.

 
Periodo más que suficiente para que con la personalidad del nuevo responsable en el mando, se produjera el cambio transcendental, tenía preocupación. Se le tenía miedo, era una persona muy fría, distante, de mirada implacable. Pasar por delante de su despacho, cuando tenía la puerta abierta era una osadía. Usaba la costumbre de tener abierto sobre la mesa el Código de Justicia Militar, las Reales Ordenanzas y el Régimen Interior, cuando llamaba alguien. Se le obedecía ciegamente, pero también se le apreciaba y se le quería. Era tan electrizante su temperamento, tenía un halo de autoridad, que aun siendo un capitán de tropas, irrumpía en los Estados Mayores, no solo de Aviación Táctica, que era el nuestro, sino el del Mando de Transporte, o incluso del Mando de Combate.

Hacía venir los Hércules para saltar, pero no solo eso, en muchos ejercicios aparecían dando pasadas para realizar prácticas de conducción con los Mirage III de la base de Manises, los Mirage F-1 de morón. Tenía una autoridad incuestionable. Cuando impartía un briefing delante de algún general, de tripulaciones aéreas, siendo él un oficial de tropas, nadie le contradecía. Él se hacía en un momento con el apoyo incondicional de todo, instante a la debilidad, a la compasión. Su carácter de hombre duro lo llevó hasta el final, hasta que ya de general salió el padre que había en él.


El capitán Beltrán en unos de sus ejercicios tácticos

 
 
Una precisión sobre nuestro biografiado en lo relativo a la gestión, y que ha sido citada en páginas precedentes, no aportará una guía segura sobre sus pensamientos. Rechazaba la logística en sus aspectos de administración, hojas de servicios y vehículos y solicitaba a cambio el apoyo de la base y la escuela de Alcantarilla en esta faceta a fin de poder centrarse en los aspectos operativos de la unidad. La cita con la historia no se hizo rogar. Con fecha siete de noviembre de ese año, un teletipo cifrado del general jefe del Mando de Aviación Táctica, le ordenaba emprender la marcha al mando de la EZAPAC con destino Sáhara Occidental. La historia parecía repetirse dieciocho años después para los paracaidistas del Ejército del Aire. Y al igual que aquel momento, también lideraba la unidad un jefe carismático. Entonces el teniente coronel Gómez Muñoz y ahora, el capitán Beltrán Doña. Escuchar de las propias palabras protagonista, el momento de la comunicación de la orden del mando. Es recrear una escena que debió ser grabada.

 
Habiéndosele ordenado al capitán Beltrán que se presentara en el  despacho del coronel de la base a fin de serle comunicado el contenido de un documento, este se personó. El coronel Gudiño le manifestó que había llegado un teletipo cifrado del mando en Sevilla su incorporación a los efectivos que participaban en la operación Golondrina. Operación montada por el Gobierno Español para la evacuación de las fuerzas españolas presentes en el Sáhara. El documento indicaba que se manifestaría cuando estuviera preparada la unidad para su traslado. Beltrán preguntó al coronel Gudiño quién era el destinatario del teletipo. El coronel respondió que él, el capitán jefe de zapadores. A lo que nuestro protagonista respondió pidiendo le entregara el documento. Cosa que hizo el coronel Gudiño no sin mostrar cierta contrariedad. Una vez leído, respondió con un lacónico ¡¡ya!! .




  Salida de la Escuadrilla de Zapadores para la Operación Golondrina en 1975

 
La marcha a las islas Canarias se inició desde la base aérea de San Javier en dos aviones Hércules del Ejército del Aire solo unas horas después; al día siguiente se llegaba al destino. A la altura de la ciudad marroquí de Casablanca de los reactores F-5 de ese país salieron a su encuentro. Según la versión de los propios zapadores que viajaban en los aviones, los reactores dieron varias pasadas en tono intimidatorio. Durante cuarenta y cuatro días permanecieron en la base de Gando, en las Palmas de Gran Canarias, y realizaron los preparativos necesarios por si era necesaria su presencia en la orilla occidental del Sáhara y prestaron diversos servicios en la demarcación de la zona aérea. A su regreso fue felicitado por el general jefe de la Zona Aérea de Canarias y el general jefe de la Segunda Región Aérea, por la magnífica instrucción, prestancia, disciplina y eficacia de la Escuadrilla de Zapadores.

 
 
 
De vuelta, se empezó a dotar a la escuadrilla de material, pues hasta ese momento lo que tenía procedía del Primer Escuadrón. Llegaron los primeros camiones Pegaso (DAF) todo terreno procedente de las unidades del Sáhara. También varios vehículos Land Rover, con muchas horas en sus ruedas, y que llegaron a acumular varios lanzamientos y algunas caídas por un terraplén, así como tres Jeep Viasa, nuevos; por primera vez la escuadrilla tiene vehículos propios, que aunque muy viejos se emplean en todos los ejercicios y maniobras con gran orgullo. Asimismo fueron llegando paracaídas, medios de transmisiones modernos, equipos de salvamento procedentes de los aviones DC-4 dados de baja. Eran lanchas de color amarillo bien conocidas por los zapadores, y de las que obtuvo un rendimiento óptimo, con ella hacíamos boga de combate nocturna en el pantano de El Cenajo, en el Mar Menor. Lanchas que fueron sustituidas por las primeras embarcaciones neumáticas zódiac dotadas de motor. En definitiva, se entregó a la unidad una amplia gama de vehículos nuevos, entre ellos remolques y una ambulancia. El armamento no quedó olvidado, llegaron los primeros fusiles de precisión, así como la ametralladora MG y los primeros C-90. El propósito era claro: proporcionar a los zapadores el carácter de unidad de operaciones especiales.



Miembros de la EZAPAC realizando ejercicios de boga de combate en el pantano del Cenajo

 
 
En ese camino, además del material, se obtuvo la inclusión en los planes de estudio de las diferentes escuelas, la reserva de plaza para oficiales, suboficiales y militares de tropa de la escuadrilla realizaran cursos que hasta ese momento no figuraban en los currículos del personal  del Ejército del Aire, y mucho menos entre quienes procedían de la escala de tropas y servicios. Una mera cita puede darnos una idea del grado de especialización que perseguía en capitán Beltrán para su personal, curso de controlador AD y APP, operaciones especiales, TEDAX, buceo elemental y buzo de combate, técnico de oxígeno, así como instructor de tiro y adiestramiento especiales en la Guardia Civil. La apuesta no terminaba aquí, los suboficiales especialistas del Ejército del Aire también tendría cabida en los planes de la escuadrilla. En su lista de revista figurarían los primeros armeros así como mecánicos de automóviles y transmisiones, e incluso un ayudante técnico sanitario o enfermero. Personal que no solo realizó curso básico de paracaidismo, sino que adquirió cierta especialización en la materia al efectuar el curso de apertura manual y, por extensión adquirir condiciones técnicas para lanzamiento de HALO y HAHO.



A lo largo de los años que permaneció al frente de la unidad participó en innumerables ejercicios tanto en la preparación, formando parte de los estados mayores de planteamiento, como ejecución. Por citar algunos de entidad. El “Galia”, ejercicios conjuntos hispano-franceses, cuya participación le valió a la unidad una felicitación de S.M. el Rey de España, don Juan Carlos I, así como del jefe del componente aéreo de las fuerzas conjunta. Aquí los zapadores, por primera vez en su historia efectuaron un lanzamiento masivo desde un Hércules. El primer salto de instrucción desde Hércules tuvo lugar en la zona de lanzamiento de Alcantarilla el 30 de abril de 1983. Los ejercicios “Galia” e “Iberia”, denominación esta última que adquiría el supuesto táctico cuando se desarrollaba en suelo francés, tenía el propósito de adiestrar a las unidades paracaidistas de ambos países, con un gran arraigo en la Brigada Paracaidista: a Beltrán le costó mucho, pero al final le hizo valer y la escuadrilla participó al completo en una  “Galia”, la número cinco, y un reducido grupo asistió a Toulouse (Francia) a una “ Iberia “. La “Galia V” se desarrolló en Segovia, como se ha indicado al inicio del párrafo, y se participó con un lanzamiento masivo en la localidad de Carbonero el Mayor. Los españoles, la Brigada Paracaidista y los Zapadores desde aviones Hércules y los franceses desde aviones Transal.



 
Miembros de la Escuadrilla de Zapadores con miembros del ejército francés en la GALIA V de Segovia de 1983

 
 
A partir del lanzamiento la escuadrilla fue progresando como lo haría una compañía de infantería, inserta en un regimiento al uso, hasta alcanzar los objetivos que le había sido marcados en el ejercicio; la escuadrilla iba en todo momento al mando del capitán Beltrán en unas marchas interminables, agotadoras, entre trigales, llanuras inmensas donde le calor  iba haciendo su labor a veces más dura que el enemigo ficticio del que huíamos o perseguíamos, materializado pro elementos de la división el regimiento estaba mandado por el coronel Coldefors, veterano paracaidista de Santa Bárbara ( Javalí Nuevo, Murcia) , y el batallón por el comandante Marquina, que tenía puesto todo el empeño en someter a los zapadores. Sus gestos, actitud hacia ellos, eran bien evidentes. La razón de la animadversión hacía los zapadores y su jefe debemos buscarla en la necesidad que tenía la Brigada Paracaidista de contar con especialista en control aéreo cada vez que tenía que realizar una operación con lanzamientos. Tl fue el desafío lanzado, que incluso en la operación Iberia los lanzamientos españoles, fueron momentos muy desagradables frente a la gran unidad paracaidista española. Los que fuimos a Francia con el teniente Carrasco Martín y los sargentos del Corral y Malavé, sufrimos todas clases de desaires. Primero nos obligaron a saltar con sus paracaídas, cuando nosotros llevábamos los nuestros. Nos ignoraron hasta el punto de que después del lanzamiento se marcharon y nos dejaron solos, tirados en el campo. Gracias al teniente coronel Richard, jefe de los Hércules, nos enviaron un helicóptero francés que nos recuperó a la base.

 
 
En este año todavía conoció su participación como observador en otro ejercicio conjunto en la base de Villanubla “Creta 02/76 “. La anécdota del ejercicio pusieron a los integrantes de la escuadrilla encargados del lanzamiento de cargas. El azar quiso que una de las cargas organizadas por la escuadrilla no se desplegara la campana. Se formó lo que técnicamente de denomina “vela romana“ y que consiste en que las paredes dela campana del paracaídas quedan unidas por la fuerza de la electricidad estática. La carga cayó a plomo, con la campana desplegada y sin abrir, desde el avión al suelo. Se destrozó con el golpe. Los observadores comentaron la oportunidad que había tenido que contemplar una “vela romana”, algo no muy usual. El capitán Beltrán sabía que no había sido fruto de la casualidad, sino mérito del olvido de sus “muchachos” a la hora del plegado de la campana. La verdad, tiene dos razones para explicar el hecho. La primera es que se desplazó el precinto hasta el borde de la campana y lo estranguló hasta impedir su apertura, pero también se alió en el desastre el hilo utilizado para el precinto, dado que era más fuerte del habitual en estas ocasiones y, al no romperse en el momento de la apertura de la campana, provocó la incidencia.


Miembros de la Escuadrilla en un descanso en la preparación de las cargas de lanzamientos con bidones de agua

 
 
No hacía año y medio desde que se había hecho cargo del mando de la escuadrilla cuando recibió el primer encargo importante. Compromiso en el que él se marcó como meta demostrar la valía y necesidad de que el Ejército del Aire alistara en su inventario una unidad como los zapadores. La misión fue la participación y organización del ejercicio “Primavera”, según su punto, un verdadero punto de inflexión en la historia de paracaidismo del Ejército del Aire, en el polígono de la Bardenas Reales (Navarra) con los efectivos de la escuadrilla, y sin apoyo de la Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra. Apoyo con el que hasta ahora ese momento siempre se había contado. Ejercicio que supuso el despegue como unidad de apoyo a la fuerza de transporte del Ejército del Aire, fue como alternativa, hablando en términos taurinos, en esa nueva actividad de preparación y lanzamientos de cargas desde avión.




El Rey Juan Carlos I pasa revista a los miembros de la Escuadrilla de Zapadores en las Bardenas Reales

 
Su empeño autodidacta le empujaba al estudio de la doctrina que las Fuerzas Armadas estadounidenses tenía en esta materia: no existían medios ni apoyos, estamos solos, se nos había encargado una misión desconocida. Beltrán despliega todas sus capacidades, influencias, contactos y consigue culminar con éxito esa nueva especialización. A mediados del mes de abril, un equipo de zapadores se incorporó a la maestranza aérea de Albacete con el propósito de preparar y organizar las cargas CDS, PDS y LAPES, que posteriormente se lanzarían en el área del ejercicios. Se lanzaron un total de doce toneladas en las cargas preparadas por ñps equipos; todo se rompía, las cargas eran bidones preparados por los equipos, acabamos con todos los que tenía el Servicio de Combustible repartidos por toda España. A un C-130, lanzando un vehículo,  le arrancaron un tramo de rodillos, los LAPES del Caribou uno había forma de que quedara uno sano. Finalmente, el ejercicio “Primavera 77” fue un éxito. Como observadores privilegiados asistieron S.M. el rey de España don Juan Carlos I, así como los ministros del Ejército, general Gutiérrez Mellado; Marina, Almirante Pita da Veiga y del Aire el general Franco Iribarnegaray, entre otras autoridades del Estado. El colofón del ejercicio lo puso S. M. el rey al tomarse una copa con miembros de la escuadrilla; S.M. confraternizó con los zapadores de soldado, hasta nos servía en las copas, algo que nos emocionó mucho. Como curiosidad, previamente  a la copa de vino con el rey, se le aleccionó sobre cómo había que tratarlo, que no se dirigieran a S.M. si no lo hacía él primero, compostura militar, le dijeran “majestad” o “señor”. Esto no fue óbice para que un cabo primero, pequeñito de estatura pero gran manualista, en un momento durante la copa se acercó al rey sobre el problema que por entonces tenían los cabos primeros, y tirándose de la manga le dijo: “ a sus órdenes, mi rey”. Su majestad rió la fórmula que había empleado para dirigirse a él ante la sorpresa del ministro del Aire y de todos los que se encontraban presenciando la escena.

 
 
Ese mismo año un equipo de la unidad asistió en la base de Greeham Common (Reino Unido), con ocasión del jubileo de plata de la reina de Inglaterra, Isabel II, los días 25 y 26 de junio, para participar en ejercicio “Air Tatoo”, y se aprovechó la XII reunión anual del Tiger Meeting que realizan todos los escuadrones de Fuerzas Aéreas de la OTAN cuyo indicativo era “Tigre”. En la concentración del año 1977 participaron escuadrones Tigre de Alemania, Bélgica, Canadá, Italia, Noruega y los Estados Unidos. El último día, la patrulla británica de los Red Arrows realizó una demostración, la número mil, que puso fin al jubileo. El trofeo de la Tiger Meeting recayó en el equipo de la RAF con la demostración en solitario de un Hawk T1. Asimismo, supuso un importante avance por la introducción del comité de control de vuelos, formado por un equipo de inminentes pilotos, quienes establecieron las normas de seguridad de vuelo y regularon las demostraciones. La constitución de este comité contribuyó a aumentar el nivel de seguridad hasta horizonte de excelencia tal, que se convirtió en modelo a seguir en los diferentes eventos mundiales de estas características.

 
 
Los zapadores efectuaron el desplazamiento en dos aviones T.12 de la base aérea de Matacán (Salamanca), dado que su participación consistía en el lanzamiento de una carga de mil kilogramos en la modalidad de LAPES, precedido de salto de un equipo de señaladores en apertura manual con el propósito de balizar la zona. La carga que se articuló en España con bidones de doscientos cincuentas litros a los que la boca de llenado se le había puesto en el lado horizontal superior. Bidones que una vez en Gran Bretaña fuero llenados de agua. El viaje, además de largo, debido a la velocidad de crucero de este tipo de aeronaves, fue incomodo, no solo por viajar junto a las cargas, sino también porque el tiempo meteorológico no acompañó y tuvieron que realizar la travesía entre un mar de nubes. La cuestión es que las peripecias del viaje, problemas con la radio entre ambos aviones y con el control de Londres, se le unió la toma en la base aérea al límite de combustible. La participación de la escuadrilla se realizó entre una pasada de reactores y el lanzamiento de la patrulla acrobática de paracaidismos inglesa Red Devil. Era la primera vez que una unidad española participaba en un encuentro de la OTAN. Rara es la participación de zapadores en algo sin que sucedan curiosas anécdotas y en este caso sucedió que los cabos primeros y sargentos que formaban el equipo acudieron directamente  a la fiesta de la entrega de premios, reservada para oficiales. A la entrada les preguntaron al ser divisas como las inglesas, galones, no le pusieron impedimentos. Cuando al rato llegaron los oficiales, entre ellos el propio capitán Beltrán, no le dejaban entrar pues decían los de seguridad que los oficiales ya estaban dentro. Hubo que explicarles que eran las estrellas las divisas de los oficiales españoles, no los galones.

 
 
 
Las dos conclusiones de mayor transcendencia de la participación en el ejercicio “Primavera” fue el inicio de la especialización del personal de la escuadrilla así como la llegada de suboficiales especialistas, propiamente dichos, y versados en las distintas ramas que comprendía el Cuerpo de Suboficiales del Ejército del Aire. Véase automóviles, transmisiones, armeros y electrónica, como más significados;  mandaba a hacer curso tan diverso como el de controlador de aeródromo  y aproximación, buceador de combate, CCT en los Estados Unidos, TEDAX, mantenimiento de equipos de oxígeno. Patrón de embarcaciones, guerrillero, esquí y escalada, instructor de tiro en la Guardia Civil. En esa etapa comienza a llegar destinado personal de diversas especialidades, mecánico de automóviles de transmisiones, armeros, enfermeros. A todos les obliga a hacerse paracaidistas. Zapadores está metido de lleno en una carrera frenética por la especialización. Poco a poco sus actividades y colaboración se van haciendo imprescindibles para otras unidades. Necesariamente hay que contar con ellos. Más adelante llegó una época en que la escuadrilla casi no podía atender tantos compromisos, tan necesaria se había vuelto su colaboración. La segunda fue la organización de una sección, en el seno de los zapadores, dedicada en exclusividad a las cargas. El nombre de la sección fue SAATAC que destacó a Zaragoza con dependencia del jefe de zapadores. Unidad a la que hubo que sentir apoyando hasta su potenciación final. Su primer jefe fue el teniente Carrasco Martín, quién años después mandaría la escuadrilla. La primitiva sección por iniciativa y empeño del general Richard, de Mando de Transporte del Ejército del Aire y del propio Beltrán se convirtió  asimismo en escuadrilla.

 
Miembros de la Escuadrilla realizando en curso de buceo en en Centro de Buceo de la Armada en Cartagena


Miembros de la Escuadrilla realizando en curso de esquí en Sierra nevada
 
La escuadrilla de Apoyo al Transporte Aéreo Militar se fundó en el año 1984 con sede en la base aérea de Zaragoza, y su primer jefe fue el teniente que la organizó en Alcantarilla, ya con empleo de capitán. Así mismo significó que el Mando Aéreo de Combate, o de la Defensa, como se denominaba por aquellos años, pusiera también sus ojos en los zapadores y comenzó a solicitar su participación como observadores aéreos en los ejercicios “Red-Eye” en aquellas zonas de la península donde la cobertura radar era deficiente o nula, algunos ejercicios se desarrollaron en la provincia de Huelva o en la localidad de Jávea. Pero el mando de la Aviación Táctica, mando orgánico y operativo de los zapadores  siguió ejerciendo como tal y se potenciaron los equipos de señalización de objetivos, base de los TACP actuales, nacidos como fruto de una necesidad operativa avalada por la especialización del personal de la escuadrilla. La Escuela de Apoyo Aéreo, en aeródromo militar de Tablada, fue lugar escogido para recibir la formación adecuada. Los equipos de señalización de la escuadrilla realizaban ejercicios con aviones tanto del Mando de Combate como de la Aviación Táctica. Se había alcanzado la plenitud de la unidad en cuanto a la participación en ejercicios con los distintos mandos del Ejército del Aire, cada vez que la Brigada Paracaidista realizaba una misión con la aviación de combate, fuera de la Bardenas Reales, con fuego real, o no, allí tenía que estar los equipos de señalización de zapadores para dirigir el ataque desde tierra dado la información de los objetivos. Un dato: estos equipos llegaron a especializarse de tal manera, a hacerse tan imprescindibles, que tuvieron actuaciones muy destacadas en guerra en la antigua Yugoslavia, como ocasión se ha tenido de conocer en páginas precedentes. Rumores de cierto calado y entidad, a la hora de elaborar páginas, permite aventurar que el “monopolio” del Ejercito del Aire en esta materia está a punto de terminarse una vez se organice en el seno de las Fuerzas Armadas Españolas Española el mando conjunto de operaciones especiales y, por otra parte del Ejército de Tierra disponga de equipos similares para dirigir sus helicópteros de ataque.

 
 
Los equipos de Pararescue Jumper (PJ), rescatadores de combate, también tuvieron su espacio en la escuadrilla. Realizaron gran cantidad de ejercicios en los Estados Unidos. Las Fuerzas Armadas estadounidenses tienen en gran estima a este personal especializado que actúa siempre en terreno hostil con el propósito de rescatar cualquier piloto que haya sido derribado, hemos de tener en cuenta la valiosa información que un piloto de F-15, por ejemplo, derribado, puede aportar al enemigo que incluso le somete a tortura. Su rescate tiene una gran prioridad. En aquella época los Pararescue Jumper norteamericanos eran veteranos de la guerra de Vietnam. En el caso de la escuadrilla, el personal asignado a estos cometidos participaba en la fase de instrucción sobre supervivencia que se impartía a los pilotos y tripulantes aéreos, tal y como también  se ha analizado en otro epígrafe de este estudio. Concretamente en el año 1981, en los ejercicios “ Crisex” de ese año, los norteamericanos montaron un dispositivo para simular el rescate de un general derribado; primero se efectuó un lanzamiento desde Hércules de personal rescatador con equipo médico. Se facilitó cobertura aérea por un reactor Phanton contra supuestas amenazas. Controlado por un FAC embarcado en un avión Bronco. A continuación se aproximaban los helicópteros de combate y transporte, quienes aseguraban la zona y recogían al personal.

 
Por esos años se solicitó del mando un crédito anual de submarinos y patrulleros con la finalidad de practicar las infiltraciones por mar. Costó trabajo convencer al Estado Mayor del Aire para que cursara la petición, el argumento fue muy simple: los otros ejércitos solicitan de forma continua aviones para practicar las infiltraciones por aire, ¿Por qué no podía zapadores hacer lo mismo por mar? Hubo crédito de patrulleros y submarinos. En esa línea, los zapadores participaron en una colaboración de la Armada con el Ejército del Aire en Mahón. Colaboración que con el tiempo cristalizó en los ejercicios denominados “Pacex-Comanfex”, más conocidos en el ámbito de los zapadores por “Tonina”. Estos ejercicios fueron las maniobras estrella de la Unidad de Operaciones Especiales del Tercio Armada. Se realizaban dos veces al año, uno por semestre, y tenían por misión fundamental el adiestramiento en las tácticas y técnicas de infiltraciones desde el mar con todo tipo de plataforma, tanto navales como aéreas, y más que avanzado, era especializado.

 
 
En ellos se realizaban tanto lanzamiento paracaidista en tierra como en el agua, así como lanzamiento de embarcaciones. Siempre participaba un submarino, para la ocasión fue asignado el S-62 Tonina, aunque también se trabajó con el S-35 Narciso Monturiol, o una fragata o corbeta, véase el patrullero Recalde, y se realizaban con la unidad de operaciones especiales del Tercio Armada y la unidad especial de buceadores especiales de la Armada. Los ejercicios estuvieron realizándose de la Unidad de Operaciones Especiales del Tercio Armada en 2009. A nuestro interés, se trató uno de los primeros que se realizaron por la escuadrilla en el ámbito conjunto, y dada su transcendencia debemos mostrar cuál fue la trastienda que permitió la culminación con su realización. Para la ocasión recurrimos a las propias palabras de nuestros protagonistas: de acuerdo con el comandante Cristóbal Gil Gil de Infantería de Marina, jefe de la UOE del Tercio Armada, acuñamos una expresión que servía a nuestros fines y que fue aceptada por ambos estados mayores. El término era “observador ejecutante”. A los ejercicios que planeábamos entre los dos, asistían como tales observadores en los aviones del Ejército del Aire y en los lanzamientos, los marinos, y simultáneamente, los zapadores concurrían como tales en los submarinos y patrulleros.



 El Sargento Primero Avilés de la Escuadrilla de Zapadores en uno de los submarinos durante un ejercicio

 
 
En resumen, el ejercicio consistía en un ataque nocturno a la base naval de Mahón. El supuesto contemplaba un ataque por mar y por aire. Los zapadores en los submarinos, para ocasión el S-62, y los infantes de marina mediante un lanzamiento en paracaídas. Los que fueron en avión se volvieron a su base en submarino y quienes lo hicieron en submarino lo hicieron en avión. Como recuerdo de aquellas colaboraciones quedaron varias fotografías en el archivo fotográfico de los zapadores con los integrantes de ambas unidades, OUE y EZAPAC, formados en la cubierta del S-62. Aunque también quedó muestra en el S-35 y por supuesto, en este último completamente sumergido y con tan solo la vela en la superficie. En esa posición esperaba la llegada de la balsa neumática con los zapadores, quienes se colocaban en posición perpendicular al eje longitudinal del submarino y en ese lugar esperaban que el submarino emergiera para quedar en la cubierta. No debemos olvidar que fue  que facilitó la participación de los zapadores en este tipo de ejercicios. La especialización de su personal como buceador de combate, en un cortísimo espacio de tiempo, desde la llegada del capitán Beltrán en el año 1975 hasta comienzos de los años ochenta, la escuadrilla había cambiado su filosofía. Ya no era una típica unidad de infantería, sino un grupo polivalente con múltiples especialidades capaz de moverse en muchos escenarios, fue capaz de hacerse imprescindible, de introducir la escuadrilla en ambientes que por vía natural estaban vedados.

 
 
El año 1978 fue un año agitado. La unidad participó en los ejercicios conjuntos hipano-francese “Galia”, así como un “ELD/02/78” y en el “Orellana”, desarrollado este último, y en lo que los zapadores respecta, sobre las presas de Orellana y Zújar, embalses del Guadiana. En contraste el año siguiente fue un periodo tranquilo en cuanto a ejercicios. Tan solo se participó en la edición del “Creta” con un lanzamiento de veinticinco zapadores junto a los noventa de la Brigada Paracaidista. Por esas fechas apareció “Carina”, el puma, como mascota de la escuadrilla, lo que coincidió con la realización del curso de aptitud para ascenso al grado de comandante. El años 1980, además de finalizar la década de los años setenta y dar paso a un periodo crucial para el futuro de las Fuerzas Armadas, es el momento en que realizó el curso de señalador de objetivos en la Escuela de Apoyo Aéreo, centro que también desarrolló, a primeros del año 1983, el curso de apoyo aéreo. Un año más, y ya van tres, participó en el ejercicio conjunto “Galia”, séptima edición cuantos se habían ejecutado hasta ese momento, así como nuevamente “Creta”. El ejercicio “Galia” tenía como propósito el adiestramiento conjunto de grandes unidades paracaidistas de franceses y españoles. Así como el “Creta” la de conseguir un perfecto entrenamiento de las tripulaciones de transporte del Ejército del Aire, en el transporte aéreo de combate, muy distinto al transporte de personal.

Miembros de la Escuadrilla durante unos de los ejercicios
 
La nueva década la inició, al igual que su personal, con una actividad vertiginosa, era imposible abarcar tanto. La presencia de los zapadores y su jefe era reclamada en las grandes operaciones que se realizaban en España para actuar como CCT, rescatadores, preparación de cargas, señalización de objetivos de aviones de combate, lanzamiento de personal, lanzamientos de condiciones extremas como los HALO-HAHO. A finales de mes de febrero del año 1981 se realizó en Granada el ejercicio de larga duración “Sol y Nieve”, ejercicio que tuvo que ser suspendido por los acontecimientos acaecidos en Madrid con ocasión del intento del golpe de Estado en el Congreso de los Diputados. En el mes de abril participó en Getafe en el ejercicio “Malta”. Ejercicio en el que se lesionó en un lanzamiento sin poderse hacer cargo de mando de la unidad hasta finales del mes de septiembre, una vez restablecido.




El General Beltrán con sus Zapadores en Sierra Nevada el 22 de Febrero de 1981, día anterior al intento del golpe de Estado al Congreso de los Diputados

 
 
Como ya venía siendo habitual en nuestro protagonista, participó en los ejercicios “Condor” y “Crisex” en cuando fue dado de alta. El ejercicio “Condor” tenía el propósito de comprobar y determinar la capacidad simultánea del Mando Aéreo de Transporte y de la Brigada Paracaidista para efectuar lanzamientos masivos de personal  y material pesado, en el marco de una operación de desembarco aéreo en sus distintas fases de asalto, refuerzo y abastecimiento, en la que participaron treinta y seis aviones de transporte pertenecientes a las tres alas del Ejército del Aire. Los efectivos que tomaron parte ascendían a dos mil quinientos hombres, de los que novecientos cincuentas y ocho fueron lanzados en paracaídas y ciento cincuenta y seis aerotransportados. Así mismo, se transportaron por vía aérea noventa y tres toneladas de material diverso. En definitiva, los zapadores obtuvieron con la participación y ejecución de una operación de gran envergadura como es el desembarco aéreo. El  ejercicio “Crisex” fue realizado con fuerzas de los Estados Unidos en Europa. Participación que le valió la felicitación de S.M. el rey y del general de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos en Europa, entre otras autoridades españolas.

 
 
El año 1982 fue un año intenso desde el punto de vista de la actividad con otras unidades del Ejército de Aire, dado que un total se realizaron ochos ejercicios. Participó en el mes de febrero en los ejercicios “Cobaya” con el Ala número 35 de la base de Villanubla y más tarde en el mes de octubre, con el Ala número 31, en Zaragoza, durante los meses de abril y septiembre. Ejercicios destinados al adiestramiento de las unidades del mando de transporte antes de la organización de la Escuadrilla de Apoyo al Transporte Aéreo Militar. Sin embargo, con ser importante la realización de ejercicios, lo más destacado para el futuro de la unidad fue la declaración en el mes de marzo de unidad independiente, y la consiguiente publicación de la vacante relativa al mando de la unidad. Vacante que fue asignada por libre designación, con el grado de capitán y en plaza de superior categoría a la espera de correspondiente ascenso. Espera que no duró dado que con antigüedad del día 19 de dicho mes fue ascendido al citado grado. En el mes de junio participó con efectivos de la escuadrilla en el ejercicio “Galia” desde la base aérea de Torrejón. A mediados de noviembre se desplazó a la base aérea de Morón a fin de participar en el ejercicio “Velero”. Ejercicio diseñado con el propósito de evaluar a las unidades del Mando Aéreo Táctico y en particular a la escuadrilla.

 
Y así, en esta línea de trabajo, participó en los ejercicios “Cobaya”, con las Alas nums. 31,35 y 37, el “Zorzal”, los clásicos “Malta” y “Crisex”, el “Otoño 83”. Asimismo, fue este año 1983, en el mes de octubre, cuando vio la luz la Escuadrilla de Apoyo al Transporte Aéreo Militar del embrión de la sección organizada por el capitán Beltrán en el organigrama de los zapadores.

 
 
En el año 1984, se repitió la misma dinámica de años anteriores, pero incrementada con ejercicios “Flintlock”, “Malta”,”Sarex”, “Oda” y “Velero”. El “Sarex” era un ejercicio específico para entrenamiento de operaciones de rescate de combate de tripulaciones derribadas en territorios hostil. Además los zapadores, las unidades del SAR y las tripulaciones también se contaba con la participación de rescatadores norteamericanos. Fue ese mismo año cuando asistió la Escuela de información de la Guardia Civil a una reunión sobre supervivencia, así como a la reunión de un planeamiento del ejercicio “SAR combate”. Participó asimismo en la comisión de estudio para la elaboración de un manual de rescate, así como de los estudios tendentes a definir la instrucción de supervivencia a tripulantes. Actividad que cristalizó en el año 1986 con visitas y prácticas en la escuela de supervivencia de Italia, Alemania e Inglaterra y el envío a Estados Unidos de un oficial para realizar el curso de supervivencia.

 
 
 
Al igual que los años anteriores, el 1985 no podía quedar al margen en cuanto a la participación en un buen número de ejercicios. Los habituales se incrementaron con los “Tartesos”, “Trabuco”, “Garra”, supuestos tácticos relativos a las toma de bases e instalaciones militares, los caso Manises, Albacete y Alcoy; “Jupiter”, ejercicios específicos hispanos-portugueses y, por supuesto, las primeras prácticas de supervivencia de pilotos. Los ejercicios “Trabuco” eran específicos de las unidades de operaciones especiales y contaban con la participación, además de los zapadores, de las unidades especiales de la Legión y tropas del ejército de los Estados Unidos. Se desarrolló en correspondiente a este año en el área que discurre desde Alcalá de Henares hasta la serranía de Ronda. El ejercicio finalizó en el acuartelamiento que la legión tiene en Ronda.

 
 
En el año 1986 no solo fue convocado al curso del Estado Mayor en la Escuela Superior del Aire, sino que también culminó su carrera al ser felicitado por el Consejo Superior del Ejército del Aire por la “brillante calificación obtenida en la clasificación del ciclo 1986-1987”, dado que había quedado incluido en la zona de clasificación para el ascenso al grado de teniente coronel. La convocatoria para realizar el curso y la buena clasificación obtenida pusieron las bases de su futuro cese en la escuadrilla. Asimismo y para finalizar la cita correspondiente al año 1986, indicar que participó en los últimos ejercicios que realizó con los zapadores, fueron “Sarex”, “Matrap” así como un ejercicio de rescate con PJ-USA en Alcantarilla, y por supuesto en las prácticas de supervivencia de pilotos, iniciadas el año anterior.


Miembros de la Escuadrilla y Fuerzas USA posan juntos

 
 
Este año 1986 también fue el de mayor actividad HALO-HAHO. Se realizaron hasta tres prácticas de una semana de duración, en las bases de Jerez y Alcantarilla. En la primera será donde se intente y se obtenga la máxima cota en lanzamiento con oxígeno por una unidad de las Fuerzas Armada Españolas, el lanzamiento en la modalidad HALO a treinta y seis mil quinientos pies. Son los años en que los zapadores desembarcaron en Europa al participar en ejercicios de ámbito OTAN y con los Estados Unidos. En particular con este último, se potenciaron los ejercicios conjuntos en el ámbito de los rescates de combate. La implicación de la unidad en una amplia panoplia de actividades le obligó a dispersar a su personal tanto por la geografía peninsular como europea. Colaboraciones con el SAR en periodos de quince días en los destacamentos realizados en Galicia. Presencia que permitió participar en los buques Cason y en el avión Casa-212 en las sierras que rodean Salamanca. Sacrificios que vienen culminados no solo con el reconocimiento nacional e internacional  sino con la dotación de personal y material cuando llegó el momento de la trasformación en escuadrón en el año 2002.


Primer lanzamiento con oxígeno de la Escuadrilla de Zapadores

 
 
A primeros del año 1987 fue destinado a la Escuela Superior del Aire como alumno de la 44ª promoción de Estado Mayor, causando baja como jefe de la Escuadrilla de Zapadores. Se cerraba de manera brillante seis años de duro trabajo en la unidad terrestre del Ejército del Aire verdaderamente operativa. Había dejado abierto un camino que sus continuadores han sabido recorrer hasta permitir que la unidad alcance cotas muy altas. Para nuestro protagonista se abría un futuro que también le llevaría a alcanzar alturas no soñadas por sus antecesores, sino incluso inalcanzables hasta ese momento para un oficial proveniente de la escala tropas y servicios. Obtener el grado de teniente general del Ejercito del Aire, cuando el máximo grado que podían aspirar quienes procedían de la escala del interesado, era de general de división. A este respecto, recuérdese que el jefe de la Primera Bandera Paracaidista, Mariano Gómez Muñoz, también alcanzó dicho grado, al igual que muchos otros oficiales de esta escala. La diferencia con todos ellos es que nunca mandaron una unidad de paracaidistas durante un periodo de tiempo tan amplio como nuestro protagonista. Indudablemente al general Beltrán le favoreció la integración de escalas que se produjo a consecuencia de la nueva legislación sobre personal en el Cuerpo General del Estado del Ejército del Aire, por lo que desaparecieron las limitaciones y circunstancias que se contemplaban en anteriores cuerpos legislativos.

 
 
No puedo dar por finalizada la cita biográfica de José Antonio Beltrán Doña y su relación con los zapadores sin resaltar a modo de resumen la extraordinaria actividad que desarrolló la escuadrilla durante los años que él estuvo al frente. Una frase extraída de la entrevista mantenida con él por este autor, viene a resumir cuanto aquí se ha expuesto: “ la desición del Mando Aéreo Táctico de involucrar a las unidad en todos los ejercicios que se realizaban bajo se dirección contribuyó a que en muy poco tiempo, uno diez años, la EZAPAC fuera conocida por todos”.Llegada a la hora de realizar balance sobre su paso por la escuadrilla, debemos citar el hecho diferencial de asentar en el seno de la doctrina aeroespacial de las Fuerzas Armadas españolas el criterio, en colaboración con el mando de transporte, de que el control de los aviones en operaciones de desembarco aéreo debería correr a cargo del personal paracaidista especializado del Ejército del Aire. Ese mismo criterio se siguió para las misiones de apoyo aéreo cercano en cualquier ejercicio. Se había puesto las bases de la organización de los curso CCT y que la escuela de Alcantarilla junto a la de transporte de Salamanca, debieron impartirlos al no ser zapadores centro de enseñanza. Se constituyó formalmente la figura del rescatador del combate (PJ) y se estrechó la relación con las unidades de helicóptero del Ejército del Aire; son innumerables las colaboraciones reales de ejercicios que con ellas se llevaron a cabo.

 
 
Asimismo, hay que destacar dos cuestiones referidas a la vertiente literaria así como una amplia gama de felicitaciones y condecoraciones con las que ha ido jalonando su hoja de servicios. Respeto a las dos primeras, habría que resaltar de manera clara el haber sabido compaginar de forma meridiana lo que los clásicos identificaron como la conjunción entre la pluma y la espada. Y que mejor muestra de lo primero, que en el año 1985 se concediera el premio Vázquez-Sagastizabal por un artículo publicado en la Revista Aeronáutica y Astronáutica durante su segundo semestre del año 1984, bajo el título “Instrucción de supervivencia para tripulaciones aéreas, experiencias recientes”. El año precisamente que iniciaba los contactos que permitieron elaborar para el desarrollo de la instrucción de supervivencia a las tripulaciones del Ejército del Aire. Faceta que se había iniciado en el año 1979 con la elaboración de un trabajo monográfico en la Escuela Superior del Aire, sobre la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas, y que no quedó agotada con la concesión del premio. En los años sucesivos fue publicando en la Revista Aeronáutica y Astronáutica, órgano de expresión del Ejercito del Aire, diversas colaboraciones en las que sobresale un artículo titulado en el año 1988 sobre la escala de tropas y servicios titulado “ETS 200-La Brigada Operativa” y dos años después publicaba el artículo titulado “Diez años de Defensa Nacional”. La última de las publicaciones corresponde al año 1998 y bajo el título “ El futuro del paracaidismo en el Ejército del Aire”, disertaba sobre el uso de pequeñas unidades de operaciones especiales, lo confirma que el camino entonces iniciado era el idóneo.

 
 
La segunda de las vertientes está referida a las condecoraciones y felicitaciones que jalonan su hoja de servicios. Felicitaciones de todo tipo y por las más altas autoridades de las Fuerzas Armadas con motivo de su participación en maniobras y ejercicios tanto en la fase de planeamiento como en la ejecución, lo que viene avalado por la concesión de seis cruces del Mérito aeronáutico, caso único en el Ejército del Aire, del Mérito Militar, naval y la del Mérito de la Guardia Civil, concedidas tanto con carácter ordinario como extraordinarios.


 
 

 





“LA ÚLTIMA MISIÓN DEL GENERAL BELTRAN “


 
El Teniente General Beltrán, es el primer componente de la antigua escala de Tropas y Servicios que obtuvo el rango de Teniente General.
 
 
Su vida a estado consagrada  permanentemente a conseguir una revalorización de las Unidades de Tropas del E.A., y a su continua labor, que comenzó en su etapa de Capitán al frente de una escuadrilla de la Aviación Táctica, que se dio a conocer en la Operación Golondrina, consecuencia de la Marcha Verde, en octubre de 1975.

 
Desde entonces  el prestigio y la progresión de estas Unidades ha aumentado año tras año, fruto de ello ha sido el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas y los dos escuadrones de Apoyo al Despliegue Aéreo, imprescindibles  en las operaciones de despliegue en Aviano, en Afganistán y en otros muchos lugares en apoyo a las operaciones aéreas.

 
Agregado de Defensa en Rabat realizó una gran labor en beneficio de las Fuerzas Armadas de ambos países, iniciándose con su gestión los ejercicios  combinados anuales. Su labor, tanto en el EMA como Jefe de la División de Información, como en DIGENPOL como Subdirector de Cooperación y Defensa Civil, fueron merecedoras de numerosas felicitaciones, se vio involucrado en los trabajos de traslado de los restos de los caídos en el YAK 42, y pese a cumplir estrictamente las órdenes recibidas de sus superiores sobre el traslado, fue abandonado a su suerte y pasó a retiro por Real Decreto del Consejo de Ministros. Un posterior recurso al T. Constitucional le restituyo su prestigio, amulando el R.D. cuando se encontraba ya en edad de retiro.

 
 El día 5 de octubre de 2021, el  Teniente General del Ejército del Aire Don José Antonio Beltrán Doña, cumplió su última misión en la tierra, y puso su cuerpo y su alma al servicio del Altísimo.

 
Zapador Paracaidista hasta la médula, siempre destacó por su amor a España y al EZAPAC. Firme, cabeza alta, pecho erguido, aguantó estoicamente hasta el final plantando sin miedo cara a la muerte y se marchó para recibir a nuestra más leal compañera, nuestra virgen de Loreto.

 
Y cuando se presentó tan ilustre Dama, dándole la mano se dirigió a ella diciéndole: Señora, aquí estoy, dispuesto para cumplir sus órdenes por España y el EZAPAC.

 
Jefe de la EZAPAC. Vivió siempre de la única manera que a nosotros nos gusta, a la vanguardia que es puesto de Honor, defendiendo a España, a La EZAPAC y en especial a sus hombres por encima de todo.      
 
                                                                                                        
 
Mí querido y respetado General,
 
Le escribo desde la tierra;
 
La misma que he de dejar
 
Para irme al más allá
 
El día que yo me muera.
 
 
Aquí estoy, en este suelo;
 
En el mismo que le nombran
 
Zapadores Paracaidistas
 
Que le alzan a los cielos
 
Con palabras que le honran.
 
 
Yo soy uno de los Zapadores
 
De aquella Unidad famosa
 
De las que muchos dieron sus vidas.
 
La memoria no la olvida,
 
¡Porque en la mente retoza!
 
 
Y, es ahí donde aparece
 
Ejercitando la experiencia;
 
Con ese don de indulgencia
 
Del mando que fortalece
 
Tan sólo con su presencia.
 
 
Arriba me lo imagino
 
Con las mismas ilusiones,
 
Formando en esas legiones
 
Con otros que ya se han ido
 
Y; haciendo sitio a sus hombres.
 
¡¡ Ha sido un Honor servir a sus órdenes!!

 
Las Fuerzas Armadas, los componentes de su querida EZAPAC y sus Veteranos pierden un gran soldado y un prestigioso Jefe.
 
 
Que Dios lo tenga en su Gloria.


Fuente: Libro Operaciones aéreas especiales
Autor: Ángel García García
Comentarios:
Teniente General Beltrán Doña
Teniente EA José Antonio Malavé Calero
Teniente Antonio Avilés Martínez
Brigada José Carlos Aral Vázquez
Ampliación comentarios: Luis Rivas López

Regreso al contenido