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Ilusión Cumplida

El Rincón del Escritor



ILUSIÓN CUMPLIDA



Todo esto empezó allá por el año 1948, no recuerdo bien la fecha, ha llovido mucho desde entonces, pero narraré los recuerdos que todavía tengo vivos en mi mente. Es curioso, como muchas veces los sucesos más cercanos se borran de nuestra mente, y sin embargo otros permanecen en ella, y ni el paso de los años ha podido borrar.

En aquellas fechas, en el cine se estaba proyectando una película cuyo argumento estaba basado en paracaidistas, por aquel entonces era una novedad, el caso es que a mí me dejó una huella muy profunda, que  posiblemente me marcó para toda la vida.

Sucedió más o menos de la forma que voy a narrar.

Por aquel entonces los niños no disponían de juguetes, al contrario de  como ocurre en la actualidad, debido a que el dinero escaseaba, el país recientemente había salido de una  guerra civil, y en Europa se había terminado la segunda guerra mundial, por lo que faltaba de todo, y los juguetes, al no ser un artículo de primera necesidad, con más motivo. Cuando ibas por la calle y veías un niño con un coche o un tren, o una niña con una “pepona”, se te caía la baba, y por esta razón la infancia de entonces se confeccionaba una variedad de juguetes con cualquier artilugio, creo que esto era bueno porque  reforzaba nuestra inventiva y así pasábamos el rato entretenidos. Por la ciudad circulaban pocos coches y los niños pasábamos muchas horas en la calle jugando a una cantidad de cosas inimaginables, hecho bien conocido por la gente que pasamos de los sesenta.

Yo pertenecía a una familia trabajadora, y en aquellos días muy pocas familias podían permitirse el lujo de ir de vacaciones, pero en la nuestra había un tío abuelo, que era sacerdote que tenía   una casita al pie de la montaña de Montserrat, y cada año en verano pasábamos unos días de vacaciones en aquel pueblecito.  Allí empezó mi aventura.

Al estar sin ningún amiguito y sólo con mi hermano, 4 años menor que yo, algo tenía que hacer para pasar el tiempo, como la casa estaba  deshabitada la mayor parte del año, allí había muchos trastos viejos. Me dirigí al desván y en una cómoda encontré una gran sabana vieja que posiblemente ya no se usaba, al verla tuve la gran oportunidad de mi vida de hacer realidad mi gran sueño, no iba a dejar escapar esa ocasión por nada del mundo, desde que hacía un par de años, había visto aquella película de paracaidistas que saltaban de un avión,  mi ilusión era ser yo uno de ellos, ser paracaidista , así que, ni corto ni perezoso, puse en práctica la idea de confeccionarme un paracaídas, y así lo hice, tardé toda la mañana, y creo que me quedó bastante bien en cuanto a la estética, porque en la práctica el salto fue un desastre total. Me subí a un segundo piso, y sin pensármelo dos veces salté como un paracaidista valiente y entregado. El castañazo fue de órdago, pues mi constitución no era lo suficiente fuerte, las piernas no aguantaron el golpe y mis posaderas dieron en el suelo, vi estrellitas… suerte que la casa era antigua y la construcción muy baja. La aventura terminó un  poco mal ya que tuve que guardar cama durante seis meses.  Me recuperé muy bien, pero  desde entonces mis padres me controlaron un poquito más.
Pasaron los años, y al cumplir los dieciocho… vi mi gran oportunidad, convencí a mi familia que esperar a que me llamaran por quinta era una pérdida de tiempo, pues no estaría libre hasta cumplidos los veintiuno o veintidós  años, y no subías de categoría profesional hasta estar libre del servicio militar. Por lo que hice la instancia al Ejército del Aire para hacer el servicio militar, lo tramité directamente en Madrid, decían que allí te aceptaban con más rapidez, y así fue , lo demás ya vino cantado, ya veréis como pasé las vivencias a partir de mi vida militar, Cazador Paracaidista del Ejército del Aire, que no es poco, para un muchacho de dieciocho años.  

Pasaron unos pocos días y por fin llegó la citación para que me presentara en el Ayuntamiento de mi ciudad, Manresa, y allí me entregaron un documento que rezaba siguiente :  “A los Paisanos Carlos Teixidó   García y Enric Pou Quert se les concede un pasaporte para que desde Manresa se trasladen a Madrid haciendo el viaje por ferrocarril por cuenta del Estado y por lo tanto, ordeno a las autoridades que de mi dependan, y a las que no, no les pongan impedimento alguno en su marcha, facilitándoles los auxilios que al margen se expresan, así cuantos puedan contribuir al mejor desempeño del servicio” y  firmaba  el General jefe de la Región.

No podéis imaginaros lo importantes que nos sentíamos, el compañero Carlos Teixidó que no nos conocíamos todavía, partimos en un tren correo que le llamaban “Shangai”,  tardamos dieciséis horas hasta la llegada a nuestro destino.  Sobre las seis de la mañana del 14 de marzo de 1959 nos apeamos, pues habíamos  llegado a la estación de Atocha. Juntos nos dirigimos a la calle Rodríguez Marín nº 5 (Colonia el Viso), puesto que allí se encontraba el C.R.M. Centro de Reclutamiento y Movilización. Llegamos puntuales a nuestra cita a las 8.30, con 18 y 20 años cumplidos, Carlos era mayor que yo,  y allí estábamos, con una gran ilusión que es muy difícil de expresar. En aquellos momentos no podíamos imaginar que allí se estaba incubando lo que sería el 47 curso de Paracaidistas del Ejército del Aire.
Después de dos días, habiendo pasado una revisión médica favorablemente, nos dieron un carnet que acreditaba que pertenecíamos al Ejército del Aire, por la noche ya estábamos en un tren con destino a  Alcantarilla. Tardamos muchas horas en llegar, ya que en Chinchilla hicimos transbordo y allí estuvimos esperando unas 5 horas, recuerdo que durante el viaje no nos suministraron nada de comida, éramos jóvenes y el cuerpo lo aguantaba todo. Ya por fin llegamos a Murcia y nos trasladaron a la  Escuela Militar de Paracaidismo Menéndez Parada ubicada en Alcantarilla. Llegamos el día 17, y a las dos horas nos comunicaron que si queríamos quedarnos nos proporcionarían alojamiento y comida hasta el 31 de marzo que era cuando comenzaba el curso, o bien podíamos volver a casa pero el coste del viaje corría de nuestra cuenta. Junto con mi compañero Carlos y  algunos más elegimos esta última opción, nos desplazamos en tren hasta Valencia y allí cogimos otro con destino a Barcelona.

Pasados estos días, el 31 de marzo ingresamos como alumnos en la escuela de Alcantarilla.
A la mañana siguiente, nos distribuyeron por patrullas, compuestas  de 10 a 12 alumnos y una vez repartidos nos asignaron los instructores, yo quedé integrado en la  del cabo 1º  Francisco Vidal Macanas,  que E.P.D. El responsable de varias patrullas era el teniente Lobato, los dos eran de una gran profesionalidad y como responsables guardo un grato recuerdo referente al trato para con los alumnos. Nos entregaron los uniformes y durante el resto de la semana nos sometieron a una serie de pruebas físicas, las cuales todos los que estuvimos allí ya conocemos.

El lunes día 6 de abril, empezaron con mucho rigor las clases de educación física, instrucción militar e instrucción paracaidista, como salto a la lona, saltos desde la torre, salto atado en un atalaje, saltos continuos desde un muro de un metro de altura para ir fortaleciendo los tobillos y los glúteos. Es muy posible que muchos compañeros no se diesen cuenta que además de prepararnos físicamente también lo estaban haciendo en el aspecto psicológico, nos inculcaban que por pertenecer a un grupo de élite estábamos por encima de los demás, en aquellos momentos para mí aquella actitud era incomprensible, pues algún instructor nos instaba a ”poner cara de perro”, esto endurecía nuestras facciones y nuestro espíritu, con dicho sistema nosotros estábamos convencidos que íbamos ser más respetados por otras tropas del ejército, también se nos imponía una disciplina muy férrea como venían haciéndolo en la legión. Hoy al cabo de cincuenta años comprendo el porqué de aquél sistema, que dio muy buenos resultados, pero que hoy sería del todo obsoleto.

Durante el curso realizamos los seis saltos de rigor, necesarios para obtener el título de Cazador Paracaidista, lo más destacable del curso fue que durante tres semanas nos machacaron haciendo instrucción para desfilar ante el jefe del Estado en el desfile de la victoria que aquel año se realizó en Valencia, nos comentaron que lo habíamos hecho muy bien, creo que así fue, pues salimos en la portada del periódico de las Provincias, fue un honor para el 47 curso.

A primeros de agosto se dio el curso por terminado, nos entregaron el título, un diploma que lo acreditaba y un mes de permiso, y  el destino para que nos  incorporásemos al Primer Escuadrón de Paracaidistas del Ejército del Aire en la base de Alcalá de Henares el 30 de setiembre  del 1959.

Una vez incorporados en el Escuadrón, durante los primeros quince días lo pasamos muy mal. Y fue debido a que nuestra llegada coincidió con el curso 39, este curso estuvo en la guerra de Ifni- Sáhara 1957- 58, es posible que ellos en campaña hubiesen vivido algunas experiencias
desagradables, por lo que se desquitaron con nosotros por el hecho de ser reclutas y poco curtidos. A las dos semanas los licenciaron y nosotros empezamos a respirar, pues los del curso 43 más o menos eran como nosotros, a  estos los licenciaron a la llegada del curso 49 a finales de diciembre y nosotros quedamos como veteranos, creo que la convivencia con este curso fue muy buena.
Al margen del tipo de vida que comportaba estar en paracaidismo, durante aquel año que pasamos en el Primer Escuadrón, realizamos cosas interesantes, dignas de mencionar: Saltos de exhibición  en Gijón, Segovia y la Casa de Campo de Madrid, el desfile de la Victoria del año 1960 en Barcelona también con la presencia del jefe del Estado.

El día 23 de diciembre del 1959, el Escuadrón tuvo el honor de ser la guardia del Presidente de los Estados Unidos, el General Eisenhower, en su visita a España.

Intervenimos en el rodaje de la película “Ahí va otro recluta” protagonizada por José Luis Ozores.
Cabe destacar que durante todo este tiempo no nos ocurrió ningún accidente importante. Si que hubo un incidente que es digno de mención. Fue cuando nuestro compañero Ángel García del Riego un día que teníamos salto quedó enganchado en el avión con la cinta extractora de su paracaídas, estuvo unos quince minutos colgado del avión, pero el jefe de salto que quedaba en el Junker 52 y el copiloto, con buen tino, se les ocurrió coger un palo de unos dos metros y medio que llevaba el aparato (este palo servia, cuando ponían el avión en funcionamiento, para desplazar la hélice y dejarla en su correcta posición). Con este basto utensilio, él pudo agarrarse, y los dos que quedaban pudieron introducirlo dentro del compartimento. Hoy esto es sólo una anécdota, pero el amigo Ángel posiblemente alguna vez soñará con aquel percance que por suerte terminó felizmente.

El 47 curso del Ejército del Aire fue licenciado el 30 de agosto de 1960

Después de pasados cincuenta años he podido reencontrarme con unos cuarenta compañeros, y todos sin excepción, hemos coincidido en estar muy orgullosos de haber pertenecido al Primer Escuadrón de Paracaidistas del Ejército del Aire, entonces a las órdenes del Teniente Coronel D. Mariano Gómez Muñoz, hoy General de División, y en que después de tantos años todavía nos une lo que se nos inculcó: Tesón para lograr nuestras metas, compañerismo y amistad. No quiero terminar sin tener un recuerdo para nuestros oficiales y compañeros que ya no están entre nosotros y que por desgracia son bastantes, y desear a los que quedamos que los  valores que antes he citado nos mantengan unidos toda la vida.


                                   

       Por Enric Pou i Quert
         Cazador Paracaidista del 47 E.A.



P.D. Pido a todos los compañeros que encuentren algún error o algo que no sea correcto, no duden en corregirme, así como si hay algún hecho destacado del curso que hubiese podido olvidar, os agradecería me lo recordaseis.




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